pembertyfotoToda biografía, por mínima que sea, es en cierto modo una confesión. Confesión que además de obligar a su autor a sincerarse con un lector anónimo, le “exigiría” la relación de lo sustantivo de su vida, amén de la inmodestia de hablar de sí mismo. Y ya que habrá de relatar una serie de acontecimientos de los que ha sido agente o paciente,

¿cómo logrará separar lo sustancial de lo anecdótico? Claro que esta eventualidad está mediada por la intención y la personalidad del autor. Y en mi caso, por ser yo un escritor que está acostumbrado a sincerarse con sus lectores, de una forma, digamos, camuflada, -pues es sabido que toda obra literaria es de alguna manera autobiográfica- lo anecdótico está mediado por una intencionalidad estética. Y así, en esta ocasión, se trataría tan solo de precisar algunas señales que he ido dejando regadas en mis obras.

Diré entonces que nací bajo condiciones precarias en el seno de una sociedad que hacía tiempo ya había abandonado los mitos y leyendas de la antigüedad clásica; que además se había sumergido hasta el cuello en las simetrías de la razón y que se sometía sin cuestionamientos al nuevo dios de la ciencia. Hacía centurias quizá que la poesía había dejado de ser pan para el hombre y esa cosa liviana, alada y sagrada, según Platón. Además, se adentraba inocente en las arenas movedizas del mercantilismo. Ahora sé que debido a esa disyunción cultural, mi alma inquieta debió atravesar un largo periplo de vacíos y sueños rotos.

Mi infancia nómada, solitaria y sin padre, se despeñó por una cascada de asombros, temores y carencias que llenaron mi imaginación de espíritus acechantes a los que solo la presencia de mi madre lograba ahuyentar. Hoy tengo claridad sobre algo que debí haber aprendido por lo menos desde los inicios de mi segunda juventud: que, como decía Borges:

Un escritor, o todo hombre, debe pensar que cuanto le ocurre es un instrumento; todas las cosas le han sido dadas para un fin y esto tiene que ser más fuerte en el caso de un artista. Todo lo que le pasa, incluso las humillaciones, los bochornos, las desventuras, todo eso le ha sido dado como arcilla, como material para su arte; tiene que aprovecharlo.

MusicaMe aferraba a mi madre, aunque no fuera consciente de ello, para no sucumbir a un mundo caótico y fantaseaba con paraísos y espacios mágicos que nunca alcancé a habitar. Además, mi trashumancia por un mundo ajeno a la sensibilidad literaria, no me dejaba echar raíces, cosechar amigos, ni conocer las maravillas del arte. Incluso los maestros de escuela de aquel entonces, estaban tan alejados de la literatura, que las pocas lecturas que tuve la fortuna de realizar fueron por pura intuición o azar.

Recuerdo sobre todo, mi inesperado encuentro con La canción de Roldán, primera canción de gesta de Europa, de autor anónimo. Recuerdo que topé con ella al azar, en la casa de un amigo, después de algún juego callejero. Todavía talvez no había anochecido. De todas maneras, quizá mi rememoración quiere traicionar la realidad para que el ocaso llegue a su fin cuando la madre de mi amigo nos llame a comer, porque mis recuerdos de infancia y primera juventud tienen, a mi pesar, algo de inquietud poética. La noche nos había sorprendido absorbidos por nuestros juegos, fútbol talvez o guerra libertada. De ahí mi memoria salta a una comida en un alto balcón de madera, acompañada por una vista de las montañas cercanas, que las primeras sombras diluían, y un murmullo de pájaros y grillos que manifestaban alguna premonición nocturna. Después me recuerdo solo en un sótano, bajo un tablado de madera, leyendo a la luz de una no tan luminosa bombilla, cómo un denodado grupo de héroes procuran vencer sin tregua a un rabioso enjambre de sarracenos. Entre aquellos héroes, sobresale la noble figura de Roldán, imbatible y valiente hasta la temeridad.

La canción de Roldán posee la musicalidad y los elementos de heroísmo medieval suficientes para cautivar a un preadolescente como era yo entonces: su protagonista es un caballero dotado de una fuerza sobrehumana, capaz de soportar todos los sufrimientos físicos, morales y psíquicos posibles. Guarda una fidelidad inquebrantable a su señor, y es poseedor de la perfección necesaria para representar a una colectividad cuya existencia peligra.

Me he detenido adrede en este episodio porque fue la primera vez que mis ansiedades dieron paso al placer de la lectura. Sin embargo, mi realidad de todos los días era tan apremiante que no me permitía acercarme a los libros y disfrutar sus delicias con el debido silencio interior. Yo solo intuía, vislumbraba el portento de la poesía, y sentía dentro de mí un eco de maravilla y regocijo.

Después descubrí que mi sensibilidad necesitaba el escape de la expresión, pero que estaba maniatado por la realidad. Yo, al contrario de algunos autores que considero afortunados porque desde muy temprano supieron que sus vidas tenían un

 destino literario, vine a caer en el mundo de las letras por una insatisfecha y cada vez más creciente y perentoria necesidad de 

fugaexpresión. Ahora bien, para mí lo fundamental en el hombre es la expresión, y considero que la ambición, el afán de poder y de gloria, no son más que meras tendencias que el hombre usa para expresarse como totalidad.

Así pues, poco a poco, en medio del mucho drama y la poca comedia a que me enfrentaba la vida, fui vislumbrando mi mundo de escritor. De tal modo, escribir para mí no es una opción: es un asunto de expresión vital. Con la escritura expreso mi vida y doy forma y sentido al hombre que soy. Y bien porque rara vez la palabra haya sido dócil conmigo, bien porque me exija una paciencia de artesano, he logrado escribir tres volúmenes de cuentos: Fuga en sol menor para cuarteto imperfecto y otros cuentos, (ya publicado);dos novelas: La música del olvido (escogida entre las 10 finalistas del Premio Planeta de Novela 2008)y El guardián invisible; un volumen de poemas: La memoria del olvido, y algunos artículos para revistas y periódicos.