Marina, la carencia y la nostalgia como visión creativa destacados

Viernes, 27 Marzo 2015 00:00

Carlos Ruíz Zafón es el autor de Marina (editorial Edebé, 1999); la novela pretende ser la última del género según el prólogo del autor; sin embargo, jamás especifica a qué clase de género se refiere, como lectores deducimos que se trata de la literatura fantástica, cuyos grandes exponentes le antecedieron en muchos años a este joven escritor, nos referimos a Borges, Bioy Casares, Horacio Quiroga,

Silvina Ocampo, para hablar de algunos de los pioneros de la literatura urbana experimental, existencialista y rebelde que tuvo sus grandes exponentes en América Latina, mas no en España, en donde este experimento llega cuando se asume una modernidad tardía, llena de contradicciones, que tantea salirse de la opresión de la religión, la moral cristiana y la tradición cultural producto de la limpieza ideológica de extrema derecha del franquismo: tradición, familia y propiedad. Ahora bien, no creo que ni en La sombra del viento o El juego del Ángel, Ruíz Zafón haya dejado de lado el aspecto fantástico.

Lo cierto es que Marina son varias historias juntas, unas encerradas en otras, sin excluir el prólogo y el epílogo de un autor que se inmiscuye en su labor para explicar al lector no solo su amor por este libro, sino el hecho de que la historia es aquello que nosotros inventamos y creemos, donde la imaginación es el motor y el fundamento es la reinvención de nosotros mismos.

Es muy interesante que el personaje que descubre la verdad es siempre un chico con ansias de saber más, un desadaptado que no se ve reflejado en el mundo que vive y que opta por permanecer entre dos ámbitos, el racional aburrido e inconsistente y en el irracional y fantástico donde descubre siempre el laberinto, un submundo subterráneo, donde el miedo, la sorpresa, la fascinación y las posibilidades se abren para enriquecer de sentido la imaginación del protagonista. Este personaje joven de Marina se repetirá con otra identidad en obras subsiguientes del autor.

No obstante, en este juego del personaje aparentemente inocente que quiere descubrir la verdad, se oculta la profunda nostalgia del adulto por la pérdida de la ciudad como espacio conocido y lleno de símbolos históricos y culturales; está presente el desencanto ante la mole moderna y despersonalizada que alberga seres perdidos de sus raíces, seres alienados incapaces de verse acogidos ni reflejados en un entorno que se convierte en una cárcel de la cual se quiere huir para no terminar pareciéndose a los moldes humanos que la habitan.

La historia que Oscar escribirá nace de esta necesidad de escapismo; el encuentro con Marina es un eco a su sed de amor, por un lado, así como de aventura y de creatividad. Cuando estos elementos se juntan, nace el poder de la palabra que revela el secreto de las vidas en la distintas historias que se inventan; así el acto de escribir es para el autor un canal de confesión de los personajes y para el lector la manera de hacerse cómplice del protagonista que le entrega la verdad sobre los seres que se atraviesan en su vida de chico curioso y atrevido. Hay una total carencia de inocencia en este alter ego del autor, su participación en el mundo interior de los demás, donde se toma el derecho de inmiscuirse y de convertirse en el confidente de todos, le otorga el poder de ser el único que maneja el universo de secretos en una historia completa que en sus palabras se torna lógica y contundente, las vidas segadas por la tragedia se convierten en el pretexto para que Oscar exorcice sus propias tristezas y melancolía; esa mirada nostálgica de un mundo que jamás llegará a ser lo que era antes, o él creía que era antes, lo pone en el papel del que lleva los hilos de los títeres en un teatro del mundo creado a su imagen y semejanza, en donde su labor de creador está sujeta a su propio albedrío. Una vez revelada la verdad, se acaba la necesidad de contar.

En esta línea de ideas está la historia de Marina, quien le oculta a Oscar que va a morir y que junto con Germán reciben al joven con la hospitalidad de espectros de una ciudad burguesa venida a menos, dejada atrás en un pasado de belleza y lujos perdidos. Esta historia envuelve la otra, que guarda el secreto del Dr. Kolvenik y de Eva Irinova, cuyas historias a su vez nacen en la precariedad y la vida lúgubre de los bajos fondos, de esas ciudades subterráneas donde llegan los desahuciados, los miserables, los deformes y los locos.

La única redención de los personajes es el afecto, la capacidad de amar y de ser por y para otro, esta unión que es a la vez un imposible, deja inhabilitado al otro cuando falta el objeto de su amor, es el caso de Germán quien deja de pintar cuando su esposa muere, el caso del Dr. Kolvenik que llega a retar el poder de la naturaleza y a querer ser un creador de nuevos seres hechos a pedazos mecánicamente funcionales, por el deseo de devolver la belleza arrebatada a Eva quien tiene que refugiarse en una vida sin rostro, oculta a las miradas de los otros; es el caso de Oscar, quien pierde el objeto de su amor y debe regresar al vacío de aceptar ser un chico común en un mundo sin ilusiones.

El hacedor jamás llegará a cumplir su sueño: Kolvenik termina creando monstruos violentos y se autodestruye en el intento, su muerte a manos de Eva es un acto de liberación de su locura e impotencia; Germán se pierde en la vorágine del olvido cuando su hija, lo más parecido a su esposa muerta también fallece llevándose consigo el sentido mismo de su vida; Oscar acaba el libro que llena de historias fantásticas y regresa a Barcelona después d 15 años, cuando ya adulto es incapaz de ver la vida como un proyecto de futuro, como si se hubiese quedado anclado en aquello que pudo ser, pero jamás fue.

La búsqueda de Oscar está en lo profundo del inconsciente, su fundamento es la carencia y la nostalgia. El laberinto siempre será un eterno divagar donde las palabras construyen mundos intangibles, pero no menos hermosos, no menos trascendentales. 

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