William Castaño-Bedoya

SOBRE EL AUTOR

A raíz de la creación de este blog y motivado en conseguir alguna empatía entre nosotros. Ver más

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William Castaño-Bedoya

Más allá del prefacio sin las tildes ni palito de la eñe de Enrique Córdoba destacados

Martes, 07 Abril 2015 00:00

El día en que Enrique Córdoba pisó tierra americana, precisamente en Miami, se presentó un fenómeno muy extraño, raro diría yo, la ciudad del sol se impregnó de un cálido destello loriqueño del que nunca pudo zafarse y la temperatura ambiente,  de forma inusitada ascendió unos cuantos grados.

Desde ese entonces ese destello se ha hecho notar incluso cuando muestro personaje no ha estado en la ciudad dizque porque se fue, tal y como suele irse por allá bien lejos, a la cochinchina, o porque se durmió fundido o embriagado en medio de una novela o de un cuento largo o corto que ojeó conversando con algún Premio Nobel de Literatura que personalmente conoció mucho antes que este se glorificara o de algún premiado Pulitzer, Planeta, Alfaguara por mencionar alguno.

Enrique se quedó en esta tierra consagrándose como un escritor y ejerciendo sin parar durante décadas su periodismo cultural. Arraigo que le fascina y sin el que no pudiera vivir. Han pasado los años y por ellos los acontecimientos. Miami ha venido encontrando luz dentro del mundo literario y cultural en medio de sus tinieblas, gracias en mucha parte, a Enrique y su labor periodística en franco respaldo a toda cuanta manifestación cultural o humana se aprecia en nuestra sociedad moderna. Después de conocernos por varias años y haber sido compañeros de trabajo en la naciente radio colombiana en Miami nos juntamos por cosas del destino para montar una de sus obras literarias que comenzaron a consagrarlo como lo que es hoy: el Marco Polo de Lorica. Me refiero a Te espero en la frontera obra a la que se refirió en vida, el extinto gran escritor colombiano David Sánchez Juliao con estas palabras:

"El libro de Córdoba Rocha encarna una feliz coincidencia con lo que pienso de este talentoso escritor y periodista colombiano; en el sentido de que Enrique ha logrado —en su planetaria experiencia vital de tantos años— desdibujar las fronteras entre ficción y realidad, entre periodismo y literatura. Enrique Córdoba hace crónica literaria. En su obra "Te espero en la frontera" demuestra que, ciertamente, en esa frontera nos esperó… para deleitarnos —como en la cocina— con un suculento banquete de fusión. Ya leí el libro. Por tanto, envidio el goce que tendrá quien aún no lo ha leído".

Eso fue hace ya unos cuantos años, —en el 2007 para ser más precisos—  cuando aún el espeso bigote de Enrique era completamente oscuro y no había encanecido como ahora. El mío era también parecido, y esas bolsitas de los ojos que ahora le adornan eran más lozanas aunque un tantito menos sabias. Trabajando en su libro nos cruzamos un montón incalculable de comunicados, e-mails para ser más modernos.  En una de esas ocasiones me envió un contenido que nos faltaba por montar. Lo evoco desde la informalidad del trabajo tal vez para que en esta nota sentida percibamos un poco más cercano a este personaje que tenemos hoy el honor de conocer y de estimar con profunda admiración y respeto. El e-mail traía como subject la palabra Prefacio y en la nota introductoria su contenido —no editado— rezaba:

William, la portada está maravillosa, me gustó full, eres genial. Felicitaciones. Aquí te mando el prefacio, pero le falta la tilde y el palito de la eñe, a las siguientes palabras, pero mi ‘lap top’ no las marca. Si tú me haces el favor de revisar te lo agradezco. Las palabras que necesitan tilde son: alla, Medellin, fresqueria, Leon, malecon, colecciono, espiritu, Jose, Que, lapiz, pondremos. y el palito de eñe de  acompane. Ya te mando los comentarios de la contraportada y el orden de las columnas. Un saludo. Enrique

Ese personaje casual del 2007 sigue siéndolo ahora, un ser a su manera genial, auténtico, fresco, humilde y cariñoso. Compruébenlo ustedes mismos  paseándose por el contenido principal del e-mail que me atrevo también a mostrarles tal y como llegó, adoleciendo de esas comprensibles y obligadas faltas de tilde y otros caracteres que su lap top había perdido para siempre. Fíjense lo que refleja su envidiable vida de intelectual y hombre de todos:

Ven, acompañame, te invito a una aventura. Desde niño, he sido un geógrafo obstinado, un cazador de historias transmitidas por encantadores hombres y mujeres hallados en el camino. Un fotógrafo de atardeceres y un contertulio de corazones sensibles. Vamos, acompañame. Arma la maleta con pocas pertenencias, para asi aliviar la carga. No olvides la cámara fotográfica, un lapiz, una libreta de apuntes y el traje para jugar en el agua. Tampoco dejes la grabadora, para que conserves los sonidos de los mares salvajes de Golfo de Morrosquillo, Varadero, Los Roques y Madeira. Calza zapatos cómodos para que puedas visitar sin aprietos la tumba de Van Gogh. Surcaremos el Amazonas en un barco de Manaos para hablar mas tarde con Alvaro Galindo, de Julio César en la Plaza del Popolo de Roma. Llegaremos a Mt. Abu en India, en un camello y tomaremos café en el Tortoni de Buenos Aires con el historiador Jose Ignacio Garcia Hamilton. No lo pienses más, vamos: no se requiere de mucho dinero, solo un mapa a colores para ver los añiles del Danubio y los óleos de Picasso... y unas ganas infinitas de soñar. Tocaremos con las manos las pirámides de Egipto; pondremos a prueba el olfato en las tiendas de especias de un barrio árabe de Singapur; degustaremos chipirones con pan y vino tinto en el puerto de Lastres sobre el Cantábrico; tomaremos batidos de zapote o níspero con leche y una pisca de nuez moscada, en la fresqueria La Mano de Dios de Lorica; disfrutaremos de un conjunto de Jazz en un bar de Nueva York y conversaremos con Tamora, que nos espera con un chofer en Marruecos, mas alla de la frontera. Apresúrate, pues la vida fluye veloz y lo único que nadie nos puede quitar son las experiencias vividas al caer la tarde en el malecon de Brickell, en la visita al mercado artesanal de indios otavaleños del Ecuador y en las noches milongueras de Medellin. Que tal evocar las caminatas por el teatro griego de Taormina, en Sicilia, los paseos en bote por Tailandia y la euforia descomunal que los alemanes guardan todo el año para soltarla en el Festival de la cerveza en Munich. No habrá instante comparable al de la serenidad que se respira en un concierto con música de Mozart en Salzburgo, o en la atmósfera mística que nos invade en la iglesia en donde Jesús multiplicó los peces y los panes en Tierra Santa. Salgamos antes de que anochezca, y así vivirás la emoción de escuchar una polonesa en el piano de la casa de Chopin cerca de Varsovia; para que escuchemos el espíritu de Manuel Zapata Olivella a orillas del río Sinú, con un porro sabanero tarareado por David Sanchez Juliao; para que Luis Aguilar Leon nos muestre los soldaditos de plomo que colecciono en su casa de Key Biscayne, o para que el espiritu de Rosa Angel, la mujer mas bella de Toluviejo, nos acompane en la soledad celestial de una banca de la Iglesia del Santo Cristo de Cartagena de Indias. Vamos. Te espero en la frontera. Hagamos realidad un sueño.  ¿Acaso no es la vida la más fascinante aventura de ella misma?

Estos días, justo antes de emprender su quinta vuelta al mundo en 50 días, junto a Maripaz Pereira —su mujer y compañera de aventuras— Enrique me invito a hablar en su programa de radio, por Caracol 1260 AM, acerca de cosas que él sabe nos gobiernan como la lectura, la escritura, los buenos amigos y conocidos, las tertulias y la bohemia entre otras cosas que nos ayudan a creernos interesantes aunque sea para impresionarnos a  nosotros mismos. Asistí obedeciendo a los empujones de mi consciencia por aquello del honor que me honraba y por tratarse de él, pues bien chato soy en esto de las entrevistas. El trabajo de Enrique como periodista cultural es juicioso, constante, diría, mejor, que es incansable, pues ostenta un récord en años con un programa cultural al aire en la radio hispana de los Estados Unidos. El secreto de Enrique es que ejerce su profesión con humildad y mucho respeto por su audiencia y sus invitados. Para Enrique es menester entrevistar con igual dignidad a un transeúnte casual de alguna plaza en el mundo, sea en Camboya, Florencia, San Salvador, Kenia o New York, o a un encopetado personaje de las letras o de las artes. Ser entrevistado por Enrique y contar con su amistad ha sido para mí y para muchos de mis amigos de ciudad y del mundo un privilegio y una gran fortuna. Recuerdo, para finalizar, que hace unos pocos años coincidimos en la Feria del Libro de Guadalajara, lo vimos haciéndose acompañar de su gran amigo Eduardo Durán y al reunirnos,  como vecinos de Miami en otras tierras, esa feria aumentó de temperatura como lo hizo Miami cuando Enrique llegó por primera vez y tanto mi mujer —Dora-Luz Longas—  como yo y por seguro Eduardo Durán, el librero de libreros en Miami, también tuvimos la gracia de disfrutar de Enrique junto a unos cuantos Scotch en plena feria. Nos deleitamos con su basto conocimiento y dominio de la esfera literaria,  que es enorme,  pues con el Marco Polo de Lorica se vivencia con fascinación cada anécdota, cada amigo, cada reseña, cada escritor, cada personaje pues de ellos conoce sus más intimas características y su más loables trabajos. 

Enrique es saludado por muchos en las ferias del libro de cualquier país y abrazado con cariño por famosos y seres comunes que le valoran en su real dimensión humana llena de sensibilidad y calidez.

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  • Enlace Comentario Fernando Escobar G. Miércoles, 15 Abril 2015 05:53 publicado por Fernando Escobar G.

    Muy bueno el artículo querido Willy. Enrique ha sabido robarse, con gallardía, con su anecdotario, con su talento, con su recorrido planetario, un pedacito del corazón de cada miamense. Y este retrato que haces de él y de su obra es justo y muy bien logrado.

    Un abrazo.

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