Janiel H Pemberty

SOBRE EL AUTOR

Toda biografía, por mínima que sea, es en cierto modo una confesión. Ver más aqui

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Janiel H Pemberty

Carlos Fuentes ante la posteridad destacados

Miércoles, 26 Agosto 2015 00:00

Carlos Fuentes. Noviembre 11 de 1928 – mayo 15 de 2012

Acercarse a la obra de Carlos Fuentes es siempre un juego y un desafío porque es un autor que asimiló a fondo las complejas técnicas de la novela europea de comienzos del siglo XX,

que poseyó un altísimo dominio del idioma y que ambientó muchas de sus obras en escenografías que lindan con lo fantástico, echando mano de todos los géneros literarios. Además, sus experimentos con el tiempo, su técnica difícil pero estimulante, y sus personajes, que desbordan la imaginación con una pasión telúrica, acercan su literatura al ideal posmoderno de la novela: ese que exige del lector que sea también, en cierto modo, autor del texto que lee.

Aura una de sus primeras novelas, que por cierto, con La muerte de Artemio Cruz cumple este 2012 cincuenta años de publicada, encaja de manera inequívoca en este precepto, pues tiene una trama inconexa, personajes con roles duales y una historia que el lector debe esforzarse en aclarar y construir. Por eso, cuando alguien le preguntó por qué su obra Terra nostra, su novela más compleja y ambiciosa,tenía una trama tan complicada, él respondió: “Porque no escribo novelas que puedan leerse entre dos paradas del metro”, aludiendo el hecho de que sus lectores debían hacer un esfuerzo de inteligencia y discernimiento para entender su obra.

En este sentido el crítico peruano Julio Ortega dice que “Carlos Fuentes nos propone una actividad creativa que inventa una nueva lectura”. Debe ser porque “…Cada época tiene la imagen temporal de una novela, y la novela la vivacidad de su tránsito”.

Mirada en retrospectiva, la saga de Carlos Fuentes, que él llamó “La edad del tiempo” es, como bien dijo Mario Vargas Llosa, “enorme y un testimonio elocuente de todos los grandes problemas políticos y realidades culturales de nuestro tiempo”.

Y no es para menos. Carlos Fuentes dejó a la posteridad, en una carrera literaria que se inició en 1954 con la publicación de su primer libro de cuentos, Los días enmascarados, y que concluyó con su muerte el 15 de mayo de 2012, unas 26 novelas como tales y algunas agrupaciones de cuentos que pueden ser leídas como novelas; unos 57 cuentos; unos 20 títulos de ensayo; 6 obras de teatro; 7 argumentos y guiones cinematográficos y 1 libreto de ópera. Además, la editorial Alfaguara acaba de comunicar a los medios que en julio de este año publicará Personas, un libro de memorias en el que habla de personajes que influyeron en su vida y en su obra, tales como Luis Buñuel, Francois Miterrand, Julio Cortázar y Pablo Neruda, entre otros, y que a fin de año publicará Federico en su balcón, libro en el que Fuentes plantea un diálogo con Friedrich Nietzsche, ambas obras póstumas.

Ahora bien, esa obra monumental que deja Fuentes, integrante fundamental del “Boom” de la novela latinoamericana de los años 60 y 70 del siglo pasado, es el resultado de un oficio de escritor que comenzaba muy de mañana todos los días y que prolongaba hasta eso de las dos de la tarde, cuando se dedicaba a responder compromisos sociales. Esta disciplina que para él no fue disciplina si no el desfogue de su pasión por escribir, recuerda también el oficio de Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, que han hecho de la escritura su principal actividad en las horas más productivas del día, y que han escrito también una obra monumental.

El “Boom” de la novela latinoamericana innovó la manera de narrar y de contextualizar la realidad en la literatura, y talvez sería acertado decir que de ese “Boom” Carlos Fuentes fue el más territorial de los autores. Él mismo se lo expresó a Julio Cortázar a propósito de la lectura que había hecho de Cien años de soledad:

Acabo de leer Cien años de soledad y siento que he pasado por una de las experiencias literarias más entrañables que recuerdo…” Y añade: “Y qué sentimiento de alivio, Julio; ¿no te sucede que cada buena novela latinoamericana te libera un poco, te permite limitar con exaltación tu propio terreno, profundizar en lo tuyo con una conciencia fraternal de que otros están completando tu visión, dialogando, por así decirlo, con ella?

Y es que Fuentes llevó la literatura mexicana hacia la modernidad. Su estilo y su técnica renovaron también la manera de leer de los mexicanos y su visión de su país y de sí mismos. En tal sentido fue un escritor integral: logró juntar en su obra el pasado y el presente de su país (La región más transparente, La muerte de Artemio Cruz) y supo darle también una visión futurista: (Terra nostra La silla del águila) por mencionar algunas de sus obras. Pero además fue un crítico de su presente, un analista de su época y de su sociedad, y sobre todo, de sus gobiernos, lo que lo llevó a agrias polémicas con amigos y no tan amigos.

Fue abierto en sus posiciones políticas. Denunció las triquiñuelas del poder en La silla del águila La frontera de cristal y las atrocidades de una sociedad mexicana que se acostumbra, convive y humaniza a la muerte en Cambio de piel, entre otras. Fue, como todo gran escritor, un agudo cronista de su tiempo.

Recibió los más importantes premios literarios, excepto el Nobel, fenómeno que uno no comprende después de conocer la magnitud de su obra; fue catedrático de Harvard y Cambridge; fue embajador de su país y trotamundos. Disfrutó de privilegios y de honores y lo sorprendió la señora muerte en el pleno ejercicio de vivir a toda máquina. Paz en su tumba.

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