José Díaz Díaz

SOBRE EL AUTOR

Siempre que me aboco a escribir unas líneas autobiográficas, son más las preguntas que. Ver más

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José Díaz Díaz

El Sueño del Celta: La novela post-Nobel de Vargas Llosa

Miércoles, 14 Septiembre 2011 00:00

Muy propicia es esta ocasión para iniciar desde esta ventana que Bookandbilias.com me obsequia, una serie de artículos, reseñas literarias y miniensayos que me permitirán comunicarme cara a cara con los lectores y generar un diálogo que propenda por extraer del arte literario lo mejor para nuestro regocijo y deleite.

Debo agregar que las afirmaciones contenidas en estos trabajos son de mi personal responsabilidad y de ninguna manera del Medio que las edita. Hecha la aclaración me alegra anunciar que comienzo estas breves disquisiciones con la nueva novela del laureado escritor hispanoamericano Mario Vargas Llosa, quien con su doble faceta de narrador y ensayista se erige como una voz, un testigo del tiempo que vivimos, una presencia y una manera de hacer cultura afirmativa dentro del marco de la aldea global que compartimos.

Vargas Llosa no cesa de trabajar. Para la muestra, la fecha de adjudicación del Nóbel 2010 lo encontró preparando la edición de su más reciente novela El sueño del celta (alfaguara 2010), que narra la aventura existencial del nacionalista irlandés Roger Casement, quien vivió durante las primeras décadas del siglo XX. Sin ser considerada su obra cumbre, ni superior a Conversaciones en la catedral (1969), esta novela histórica seduce por la extrema fragilidad humana que su personaje principal trasmite al lector a través del decantado lenguaje literario que su autor, como gran artífice de la narrativa de hoy, le imprime a su obra.

Para algunos entendidos, la Historia, en cuanto disciplina intelectual, no es más que un género literario de la novela y, en este sentido, Vargas Llosa hace un aporte significativo con la divulgación novelada de episodios históricos, que sin su difusión, talvez serían desconocidos por el lector común. Me refiero a la elección de temas nacionales a la hora de fabular su universo narrativo. Su novela La guerra del fin del mundo por ejemplo, publicada en 1981, nos ilustra sobre los conflictos del Sertao brasileño durante el siglo XIX y La fiesta del chivo (Alfaguara, 2000), nos acerca a las miserias humanas del dictador dominicano general Trujillo.

El protagonista de El sueño del celta, recorre, con ojo crítico y con el rango de Cónsul inglés, el mundo despiadado de la explotación del caucho en territorios coloniales del Medio y Alto Congo y en los territorios republicanos del Perú y parte de Colombia. El rechazo de estos exabruptos históricos por parte del protagonista y por ende, del autor, son suficientes para reconocer y exaltar el valor de denuncia ética de la novela. En la página 78 del texto podemos leer:

...Roger podía entender eso muy bien. A él también el Congo lo había humanizado, si ser humano significaba conocer los extremos que podían alcanzar la codicia, la avaricia, los prejuicios, la crueldad. La corrupción moral era eso, sí: algo que no existía entre los animales, una exclusividad de los humanos. El Congo le había revelado que esas cosas formaban parte de la vida. Le había abierto los ojos. «Desvirgado» a él también...

En esta obra especialmente, Vargas Llosa se nos muestra como un concienzudo orfebre para hilar de modo tan sencillo una trama de por sí complicada por la cantidad de aristas que toca. Con una estructura externa en extremo simple, escenifica solo dos espacios: el de la celda en donde se encuentra cavilando y esperando la fecha de la de la ejecución a la que está condenado el personaje principal y el del Congo y la selva peruana, lugares que el mismo proptagonista visitó como funcionario de la corona inglesa. El dramático y extenuante cavilar de este personaje sobre el sentido de su vida, confronta al lector para que lo condene o lo absuelva a lo largo de las 452 páginas del libro. Y aquí radica, a mi modo de ver, el valor literario de la novela: el planteamiento de la problematización ética del actuar privado y público de un hombre que eligió en libertad el camino de su existencia.

Y como no podía faltar el elemento erótico entre los condimentos de la trama, el escritor afronta de manera sutil y delicada y como nunca antes en ninguna de sus obras, la condición homosexual de su héroe. Vargas Llosa siempre ha afirmado que sin erotismo no hay buena literatura. Y aquí una vez más lo pone en práctica aunque de una manera inusual. Aborda el tema de modo tangencial y sesgado, como si nadie, ni el mismo escritor, quisiera enterarse de ello. Sin embargo es un hecho que está ahí esperando también condena o absolución por parte de la historia y el lector. Tan relevante es esa condición en la vida del personaje histórico Roger Casement, que en la autopsia del cadáver las autoridades ordenan un examen adicional para verificar las inclinaciones sexuales del reo. En la página. 447 podemos leer:

Antes de autorizar su entierro, el facultativo, cumpliendo órdenes de las autoridades británicas que querían alguna seguridad científica respecto a las «tendencias perversas» del ejecutado, procedió, enfundándose para ello unos guantes de plástico, a explorarle el ano y el comienzo del intestino. Comprobó que, «a simple vista» el ano mostraba una clara dilatación, lo mismo que «la parte inferior del intestino, hasta donde alcanzaban los dedos de mi mano». El médico concluyó que esta exploración confirmaba «las prácticas a las que al parecer el ejecutado era afecto».

No puedo dejar de hacer una digresión sobre lo que significa para el panorama de la literatura actual montar un edificio narrativo sobre motivos históricos, lo cual, como ya manifesté, lo considero muy didáctico. Por una parte esto confirma la sentencia aquella de que la realidad supera la ficción y por esto, la ficción se alimenta de la realidad. Sin embargo, me inclino a creer que nuestra novelística está atravesando por un periodo de empobrecimiento temático y que adolece de falta de creación ficcional, lo que induce a nuestros narradores a volcar su pluma sobre episodios de la vida real; (pienso en la narcoliteratura, por ejemplo) desechando la veta de la invención propiamente dicha. Por esto, algunos críticos afirman que nuestra novelística está vadeando por un periodo de estancamiento. He aquí un punto de reflexión para que el lector opine al respecto.

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