Jaime Basagoitia

SOBRE EL AUTOR

Entre los muchos intelectuales Salvadore√Īos que inmigraron a  los Estados Unidos est√° Jaime Basagoitia.

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Jaime Basagoitia

Un juego que no suma cero

Domingo, 24 Agosto 2014 00:00
Manuel Francisco Ayau Cordón (1925 – 2010) Manuel Francisco Ayau Cord√≥n (1925 ‚Äď 2010)

Gracias a la generosidad de uno de los miembros de Bookandbilias me he permitido escribir mi opini√≥n sobre uno de los libros que m√°s recientemente he le√≠do. Cuando le insist√≠a a mi amigo que mi entendimiento de literatura universal,

y no digamos latinoamericana, es muy pobre, y que no ten√≠a nada que hacer en un blog como Bookandbilias, su respuesta fue: ‚ÄúEl nombre del blog es Bookandbilias.com y es para expresar todo tipo de an√°lisis y opini√≥n relacionados con libros de inter√©s general‚ÄĚ. Bajo esa premisa me atrevo a escribir, esperando que sus habilidades editoriales me hagan el favor de no caer en el rid√≠culo.

Recientemente realic√© un viaje de placer y negocio a la rep√ļblica de Guatemala. Luego de cumplir con mis obligaciones y visitar la bella ciudad de Antigua, retorn√©, junto con mi esposa, a Ciudad Guatemala. Sin tener ning√ļn plan en particular ese d√≠a, le dije que fu√©ramos a visitar la Universidad Francisco Marroqu√≠n. Sab√≠a yo de esta universidad por uno de sus socios fundadores, tal vez el m√°s importante, el ingeniero Manuel F. Ay√°u.

Mi esposa me dio gusto y la visitamos. La universidad cuenta con tres museos: El Museo del Popal Vuh, donde est√° la historia  del Imperio Maya, el Museo de Ixchel, que trata sobre los trajes ind√≠genas de Guatemala ‚ąícomo hecho interesante, cada pueblo ind√≠gena del altiplano de Guatemala cuenta con su propio patr√≥n de tejido‚ąí; y finalmente, con el Museo del lienzo de Quauhquechollan. Por la limitaci√≥n de tiempo y adem√°s porque realmente era el que m√°s me llamaba la atenci√≥n, decidimos visitar este √ļltimo. El lienzo, como cosa rara, narra la conquista de Guatemala por los espa√Īoles desde el punto de vista de los indios mexicanos. Los mexicanos formaron una alianza con Jorge de Alvarado y conquistaron a Guatemala juntos, cambiando para siempre su genoma hist√≥rico y enriqueciendo a√ļn m√°s su cultura.

Luego de visitar el museo caminamos por los predios de la Universidad visitando sus edificios principales, el Centro Estudiantil y su Biblioteca. Fue all√≠ donde pude comprar varios libros, tres de ellos del ingeniero Ay√°u y una querella hist√≥rica de Francisco P√©rez de Ant√≥n sobre ‚ÄúMarroqu√≠n y Las Casas‚ÄĚ, personajes de la de la conquista espa√Īola.

¬ŅPor qu√© mi inter√©s en la Universidad Francisco Marroqu√≠n y en particular por el ingeniero Manuel F. Ay√°u? El se√Īor Ay√°u es un personaje latinoamericano contempor√°neo con una herencia cultural y econ√≥mica como pocos he conocido. Supe de √©l en mi temprana adolescencia gracias a mi Padre, que de alguna forma recibi√≥ una peque√Īa historieta de alg√ļn amigo, me imagino. La historieta no fue escrita por el ingeniero Ay√°u sino por otro autor, pero s√≠ publicada por la Universidad fundada por √©l. El pr√≥logo fue escrito por el se√Īor Ay√°u. La historieta es una autobiograf√≠a del ‚Äúl√°piz‚ÄĚ y  es una met√°fora que muestra el ‚Äúmilagro‚ÄĚ de los mercados.  

Entre los libros que compr√© est√° Un juego que no suma cero, una obra de menos de cien p√°ginas. Su tema es explicar, en t√©rminos de f√°cil comprensi√≥n, c√≥mo se organiza una sociedad alrededor de una econom√≠a sin que la misma est√© dirigida por un comando central. Esta libertad, mediante la cual compradores y vendedores pueden intercambiar bienes y servicios sin coerci√≥n, crea riqueza y progreso para los participantes y para la sociedad en general. Los principios de esta econom√≠a libre, que son pobremente entendidos y severamente atacados por la clase pol√≠tica e ‚Äúintelectual‚ÄĚ actual, son el respeto a la propiedad privada, la divisi√≥n del trabajo en etapas y las ventajas comparativas de cada uno de sus generadores y consumidores. Dichos principios son la esencia de la econom√≠a liberal, en la interpretaci√≥n original del t√©rmino, propuestos por el gran economista austr√≠aco Ludwig Von Mises.

El t√≠tulo del libro, Un juego que no suma cero, tiene que ver con la opini√≥n err√≥nea que los pol√≠ticos y muchos acad√©micos tienen en la actualidad sobre las econom√≠as libres. Hoy d√≠a, se educa a la juventud ensen√°ndole que la riqueza de unos se hace a expensas de otros. Que la riqueza es un recurso limitado y que por lo tanto no es para todos. En Estados Unidos se utiliza com√ļnmente el ejemplo del pastel para mostrar c√≥mo ‚Äúfunciona‚ÄĚ una econom√≠a libre. Los ‚Äúricos‚ÄĚ toman m√°s pedazos del pastel y dejan poco o nada para los otros. Ir√≥nicamente, es todo lo contrario. La libertad econ√≥mica, fundamentada en los principios del ingeniero Ay√°u, a saber: respeto a la propiedad privada, divisi√≥n del trabajo y el principio de las ventajas comparativas, enriquecen y traen progreso tanto a las partes participantes como a la sociedad en general. 

Retornando al ejemplo del pastel, en el caso de las econom√≠as libres este es un pastel que se expande, un pastel que no tiene l√≠mites. Un pastel m√°gico. Entre m√°s riqueza se crea, m√°s riqueza hay para todos. El libro utiliza el ejemplo de dos individuos para explicar los tres principios de la econom√≠a libre. Se concentra mayormente en dos de ellos: el principio de la divisi√≥n del trabajo en etapas ‚ąíque consiste b√°sicamente en dividir las diferentes fases de fabricaci√≥n de un objeto o del proceso requerido para la prestaci√≥n de un servicio‚ąí, y el principio de la ventajas comparativas, que consiste en que todos, siendo diferentes, sobresalimos por tener ciertas habilidades sobre los dem√°s. Y estas habilidades ‚ąíventajas comparativas‚ąí, nos ayudan a alcanzar y procurar mayor riqueza. Aquel que tiene ciertos atributos puede utilizarlos con mayor efectividad. Por ejemplo: una persona que tiene facilidad para la cocina, pero no para la carpinter√≠a, puede vender sus servicios culinarios y con sus ganancias, mandar a hacer el mueble que quiere y que no puede construir por s√≠ mismo. El carpintero a su vez, puede utilizar los conocimientos del chef para la boda de su hija. Ambos ganan y crean alrededor de ellos mayor riqueza y progreso. La divisi√≥n del trabajo por etapas consiste en un principio simple: el tiempo que tomar√≠a al carpintero salir a comprar el material, medir y cortar, pegar y armar, pulir y pintar, puede ser acelerado con la contrataci√≥n de una o dos personas y la delegaci√≥n de ciertas funciones, lo que le permite construir m√°s muebles y por ende ‚Äúvender‚ÄĚ sus servicios a un mayor n√ļmero de personas a mejor precio. Los trabajadores, a su vez, se benefician de tener una plaza de trabajo, y si al carpintero le va bien, de poder pedir un aumento de salario. Para la sociedad en general, el beneficio es tener mayor n√ļmero de personas empleadas y una mejor calidad de vida para sus ciudadanos. Estos principios, junto con el respeto a la propiedad privada, han sacado de la pobreza y la miseria a millones de personas.

Adam Smith fue el primer economista en escribir sobre ellos. Comienzaron a aplicarse en Inglaterra a finales del siglo XVIII, pero tomaron su mayor empuje en la nueva  formada naci√≥n de los Estados Unidos a principios del siglo XIX.  Nunca antes en la historia de la humanidad ning√ļn pa√≠s o grupo de personas ha creado tanta riqueza en tan corto tiempo como lo han hecho hasta ahora los Estados Unidos. Hoy d√≠a, la econom√≠a americana es un magneto que atrae a miles de emigrantes de todo el mundo. Muchos de ellos ponen en juego hasta sus vidas por una oportunidad econ√≥mica  mejor que la que tienen en sus pa√≠ses natales. Aqu√≠ est√° la muestra del √©xito de dichos principios econ√≥micos.

¬ŅHasta cu√°ndo podremos continuar aplic√°ndolos? Eso depender√° de la educaci√≥n y la moral de los votantes. Actualmente se encuentran en retroceso a causa de regulaciones excesivas, impuestos y confiscaciones por parte de los gobiernos. Las econom√≠as modernas son cada vez menos libres. Los gobiernos act√ļan como ‚ÄúComandos  Centrales‚ÄĚ y deciden qui√©n va a ganar y cu√°nto.

Tanto los pol√≠ticos como la clase intelectual son ‚Äúenemigos‚ÄĚ de la simplicidad de estos principios. En mi opini√≥n, la raz√≥n de su desagrado es pura vanidad. La sencillez y eficiencia de los principios econ√≥micos que presenta el libro no necesitan de economistas, soci√≥logos, intelectuales o de pol√≠ticos para existir. No necesitan que nadie est√© al mando. Nadie. Lo √ļnico que necesitan es libertad. 

Aqu√≠, amigos lectores, est√° el reto de nuestra generaci√≥n. Retornar a un mundo en donde solamente la elites gozaran de la riqueza y decidir√°n a ‚Äúpunta de dedo‚ÄĚ quienes ser√°n ganadores y quienes perdedores, o defender una econom√≠a libre a trav√©s de la educaci√≥n propia y la de los dem√°s. Si el lector quiere conocer m√°s sobre estos temas, lo invito a que visite www.elcato.org  

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