Jaime Basagoitia

SOBRE EL AUTOR

Entre los muchos intelectuales Salvadoreños que inmigraron a  los Estados Unidos está Jaime Basagoitia.

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Jaime Basagoitia

Crónica de una muerte (económica) anunciada

Miércoles, 17 Junio 2015 00:00

Esta mañana, mientras leía las muchas noticias de la situación económica mundial, vi  con “satisfacción” el posible colapso económico de Grecia (realmente la economía Griega ya colapsó, lo que resta es tratar de salvar el “honor” del Euro como moneda internacional). Mi  “satisfacción” es únicamente a nivel intelectual, un simple “ves te lo dije”.

Comprendo que por eso no deja de ser una satisfacción vanidosa. El colapso de Grecia simplemente corrobora una vez más el fracaso intelectual y práctico de la búsqueda de la “justicia social” a la fuerza, en lugar de buscarla a través de un marco de derecho y respeto por la propiedad de otros.

Por supuesto que siento mucho lo que vive ahora el pueblo griego, al igual que el venezolano, argentino, italiano, español, portugués, cubano, brasilero, francés, nicaragüense, salvadoreño, ecuatoriano, posiblemente todo el continente de África, excepto Sur África. Aquí mismo en los Estados Unidos, ciudades como Baltimore, Detroit o Chicago; en fin, lo lamento, por todos aquellos pueblos que ahora sufren bajo la plaga de la escasez de trabajos, oportunidades de progreso o simplemente cosas materiales. Sociedades envueltas en el rencor y en el temor a un futuro cada vez más pobre, más corrupto, más violento. 

Recuerdo cuando joven, cuánto me costaba aceptar la idea de que “todo pueblo tiene el gobierno que se merece”. He allí mi silenciosa satisfacción. De adulto, he llegado a comprender lo que esto implica. Estos pueblos eligieron a sus líderes y la filosofía política, social y económica bajo la cual querían ser regidos y, ahora, como bien dice la Biblia “cosechas, lo que siembras” o en lenguaje más vernacular, como dice mi madre: “al que por su gusto muere que lo entierren parado”. 

Todas estas sociedades han elegido líderes que explotan la envidia y la codicia bajo el manto de “justicia social” o “igualdad económica” y ahora vemos, en tiempo real,  los frutos de esa filosofía. Los pueblos son cómplices, junto con sus líderes, en esta destrucción. Todos y cada uno: una crónica de una muerte económica anunciada.  

 

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