Jaime Basagoitia

SOBRE EL AUTOR

Entre los muchos intelectuales Salvadoreños que inmigraron a  los Estados Unidos está Jaime Basagoitia.

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Jaime Basagoitia

¿En dónde está el arte contemporáneo? destacados

Miércoles, 17 Junio 2015 00:00

Recientemente  fui invitado,  junto con mi esposa, a un evento celebrado en el recién inaugurado PAMM (Perez Art Museum Miami).

Era de carácter privado y tuvimos un tour por las exhibiciones con guías cuyo conocimiento del arte contemporáneo era evidente.  Las instalaciones fueron diseñadas por la firma de arquitectos suiza de reconocimiento mundial  Herzog & de Meuron. El museo tiene una ubicación privilegiada al frente de la Bahía de Biscayne, en Miami. El diseño fue inspirado en las casas muelle, que todavía existen en medio de la bahía, construidas sobre pilones. El evento estuvo de primera clase, la comida y música de las islas del Caribe fueron especialmente agradables.

Sin embargo, quedamos convidados a retornar al restaurante pero no a las salas de exhibición. Me pregunto por qué y solo puedo responder: por la calidad de la colección misma. La supuesta razón del por qué fue construido el museo es la misma que me desamina a retornar.  Un amigo “bookandbilio”, un día cualquiera, me dio una clara lección, me dijo: “la literatura refleja el momento histórico en que se produce”. De allí, según él, que la literatura latinoamericana contemporánea trate mucho (generalizando) del narcotráfico o la promoción de valores izquierdistas. Da material para pensar sobre el porvenir de nuestros países.

Poniendo en contexto las piezas de la referida exhibición y de acuerdo con la lección recibida en donde las artes reflejan la cultura que las produce, solo puedo concluir que es  realmente patético ver lo que estamos dejando para la posteridad, por lo menos en lo que a las artes plásticas respecta. Es difícil recordar una sola pieza en particular, y si lo hago, es por su superficialidad o pobreza de técnica e imaginación. Ninguna inspira a nada más que a moverse rápido a la siguiente y acabar con el tour para retornar afuera a gozar de la bahía y, en esa ocasión, de los amigos.

Como mi profesión me obliga a viajar, he tenido oportunidad de visitar otros cuatro museos recientemente. En noviembre, el Museo de Antropología  de México, una colección, que si bien no necesariamente es de arte, es de las mejores del mundo en su género. Su legado es sin duda impresionante. Visité la colección de arte del Banco Nacional de México (Banamex), que incluye a Diego Rivera, Orozco, Rufino Tamayo y otros tantos del siglo XIX, XX. Obras que intrigan e invitan a  descubrir y valorar el genio creativo detrás de ellas.  En diciembre, tuve también oportunidad de visitar la exhibición de Claude Monet en el Museo de Bellas Artes de Houston. La exhibición era específicamente sobre sus pinturas del y en el Rio Siena y sus alrededores. Monet  hacía, por ejemplo,  múltiples estudios y pinturas desde el mismo lugar para capturar las tenues variaciones del sol a través de la neblina a varias hora del día o épocas del año. ¿Quién ahora no reconoce el movimiento que él, junto con otros pintores de la época, iniciara? El impresionismo ha dejado una huella indeleble que trasciende aún en el arte contemporáneo. Lo mismo fue en el Museo Charles Hosmer Morse en Orlando, Florida, el cual tiene una importante colección  de Louis Comfort Tiffany, incluyendo una capilla hecha enteramente en mosaicos de cristal fabricados a mano en sus estudios.

¿De quién podemos hablar ahora así? Estoy seguro que habrán muchos nombres, Chihully, tal vez; pero artistas y piezas que nos inspiren algún tipo de sentimiento ante un  talento superior, no puedo pensar en ninguno. No en las artes plásticas contemporáneas por lo menos. Tal vez, y ese es el mensaje para la posteridad sobre nuestros tiempos, trasciende la abundancia y la banalidad. Abundancia tecnológica y económica en todo tipo de medios y materiales que nuestros ancestros no podrían ni imaginar jamás y banalidad porque nada parece tener importancia. Todo es Pop, efímero, relativo.  ¿Será que como sociedad dejamos de buscar las verdades trascendentales y nuestra única inspiración es lo inmediato, sea esta una canción, una moda, un nuevo like en Facebook o una nueva aplicación? Si es así, la frase de mi amigo prueba ser cierta una vez más y el arte es un reflejo de un mundo contemporáneo sin asidero, lleno de voces que buscan reafirmarse.

Esperemos entonces que seamos juzgados no por nuestras artes, sino por nuestras ciencias. Tal vez los ingenieros, empresarios, científicos y matemáticos sean los que salven nuestro honor. Tal vez nuestras catedrales sean los cohetes Saturno del Programa Mercurio, nuestras sinfonías los programas en código, nuestra literatura, el descifrar el  código ADN, y nuestras artes plásticas los millones de imágenes que llevamos todos en nuestros teléfonos inteligentes, incluyendo los selfies, haciendo así honor a los autoretratos de Rembrandt o Goya en su tiempo. El tiempo lo dirá.

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