Miguel Teran

Email: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
Miguel Teran

El libre albedrío o la libre elección, realidad o utopía destacados

Jueves, 25 Junio 2015 00:00

A lo largo y ancho del tiempo muchos son quienes han sostenido la creencia, y hasta la total convicción, que cada individuo tiene el poder de elegir y tomar sus propias decisiones, solo y bajo la única influencia de su también— propia percepción y voluntad. Desde esta perspectiva parece que somos total y absolutamente responsables de nuestras decisiones, acciones y del camino que recorremos en la vida.

Al tomar las anteriores palabras como una verdad irrefutable, más que una afirmación, estaríamos haciendo casi una declaración, porque esas palabras generan una particular realidad. La declaración ratifica y reafirma la existencia del libre albedrío, esa capacidad de cada individuo para escoger la mejor alternativa, de acuerdo con su criterio. Entonces, lo político, social, económico, personal y todo lo demás estaría basado en la capacidad y el derecho del individuo para escoger de acuerdo a su criterio. Considerar el tema de esta manera nos obligaría a desconocer la influencia de fuerzas o variables externas y sociales, que en mayor o menor grado, dirigen, conducen, limitan, reducen o restringen ese “libre” albedrío.  Es válido aclarar que en estas líneas no se pretende llevar el tema a una discusión de tipo religioso, ya que tal vez solo lograríamos que tome otro rumbo, que de ninguna manera contribuiría a hacer de lo escrito algo enriquecedor y clarificador, ni nos llevaría a considerar algunos elementos importantes para comprenderlo adecuadamente.

Desde otra perspectiva, para nada valida, pensar o considerar que estamos marcados por un destino o algo parecido, tampoco nos ayuda, por el contrario, nos pondría en una situación de brazos cruzados en espera de lo irremediable, del cumplimiento de los procesos inevitables. Si bien es cierto que cada uno de nosotros tenemos, o cuando menos merecemos, dignidad y libertad, es un hecho que no somos iguales. Tristemente, también es cierto que esas diferencias individuales han marcado los niveles de dignidad y libertad de cada individuo, a través de los tiempos. Suponer que algunos hechos, decisiones y acciones, tanto nuestras como de nuestros padres o incluso aquellas ocurridas en los lugares donde nacimos o vivimos, pueden marcar nuestra vida, puede tener algo de lógica. Hoy día, algunos estudios científicos han venido concluyendo que la información genética que recibimos como herencia está más allá de lo físico, estos estudios parecen afirmar que se heredan hasta traumas de generaciones anteriores.

Sin embargo, existe la posibilidad de escapar de esas “limitaciones de cuna o culturales” al evitar que éstas marquen y desmotiven de manera permanente en la vida e impidan superar la desventaja con que algunos comienzan a vivir. Hay muchas cosas que se pueden hacer para lograrlo. Superar esa desventaja requiere un mayor esfuerzo, convicción y compromiso que cuando no existe. Iniciar la carrera más cerca de la meta parece ser un terreno ganado, pero si no se aprecia y se “duerme en los laureles”, si se relaja y se cae en el desgano o se descuida se puede perder la autonomía. Aquí se podrían citar innumerables ejemplos de personas que lograron superarlo, pero es un hecho que existen cifras muy superiores de personas, todos anónimos, que han sufrido las consecuencias de su alienación. 

Es un tema de creencias y paradigmas que conforman nuestra cultura y que de alguna manera nos condicionan bajo una particular óptica para ver las cosas o situaciones  desde una perspectiva de oportunidades o de limitaciones. Pero, sin lugar a dudas, la educación y la exposición a ciertos entornos permiten al individuo que habita en ellos “tener criterio” para dar mejor uso y ejercer su voluntad en pleno dominio de su razón. Por el contrario, con aquellos individuos con menos oportunidades, podríamos considerar que su capacidad para determinar sus acciones puede llegar a ser propiedad de quien les dirige y les domina. Es innegable que la publicidad y la manipulación consciente de mensajes llegan a manejar no solo la voluntad propia sino la colectiva, sobre todo la de aquellos sin un nivel educativo suficiente para considerar diferentes variables y perspectivas al momento de tomar “sus propias” decisiones; es una forma de ceder terreno al consumismo que tiene mecanismos para despertar intereses falsos en donde aparentemente se hace uso de la libertad de elección.

Retrocediendo a nuestras primeras etapas de vida, debemos reconocer que muchas decisiones importantes son tomadas a muy temprana edad, cuando nuestra voluntad está condicionada por nuestros padres, maestros, amigos y sociedad, más que por nuestro propio fuero. Vale ratificar que un joven está en el proceso de aprender a decidir por sí mismo y a adecuar racionalmente su comportamiento. En esa temprana época de nuestra vida, escogemos una carrera que –en teoría– nos acompañará por siempre o por muchos años. Apenas unos años adelante, tal vez no suficientes, escogemos pareja, en teoría para toda la vida. El problema radica en que lo hacemos con un libre albedrío  inadecuadamente desarrollado por falta de conocimiento, experiencia, reflexión y aprendizaje. 

En el desarrollo de la humanidad, mucho de lo bueno, así como muchas de sus grandes tragedias han sido consecuencia del libre albedrío de algún individuo. El desarrollo integral de algunas sociedades ha sido el resultado de la voluntad y la razón de quienes han logrado convencer a otros para poner en práctica todo lo bueno. Pero también, ocurre en otros lugares, que algunos individuos con pensamiento utilitario han conseguido aprovechar a otras sociedades de ignorantes o dominados, para hundirlas en la más absoluta miseria, mientras ellos alcanzan poder y dinero. La propaganda política ha logrado ocultar los intereses de dominio de verdaderos monstruos que tienen la capacidad de clonar el autoritarismo con un rostro de voluntad popular que en el fondo no es más que una máscara de los gobiernos totalitarios. Es un hecho que los condicionamientos sociales hurtan parte importante de lo que sería nuestra libertad de eleción. El entorno social es clave para ello, porque es allí donde se refuerzan, otorgando premios y castigos a ciertas conductas alineadas con las exigencias del entorno. Surgen las expectativas condicionadas por nuestra misma sapiencia o ignorancia. Innumerables seres humanos quienes solo aspiran a recibir un trozo de pan, para no morir de hambre, harían impensable considerar que van a utilizar su libre albedrío para otra cosa distinta que la de buscar comida.

Muchos individuos son activos en sus procesos de aprendizaje, mientras otros, por el contrario, son pasivos. Esa pasividad, en muchos casos, está atada a la ignorancia que les hace blanco fácil de otros individuos manipuladores e incluso depredadores. Hurtar, manipular o comprar la voluntad de otros ha sido una rentable práctica a través de la historia de la humanidad,  muchos han logrado por alguna de esas vías sus particulares objetivos económicos, políticos y de otro tipo.  

En una discusión sobre el tema del rol de la televisión en el deterioro de los valores familiares y sociales, un ejecutivo de ese medio planteaba que quedaba al “libre albedrío” del televidente la decisión de ver o no algún programa en particular, porque para ello existía el “control remoto”. Desde su perspectiva, la televisión no debía tener ningún tipo de filtro o restricción porque el televidente tenía la potestad de cambiar el canal.  La pregunta sería: ¿tiene adecuado criterio el individuo que maneja el control remoto, para escoger programas que le nutran a él o ella y a su familia, en lo emocional, social  o espiritual? Quizá algunos sí, pero otros muchos no, especialmente los más jóvenes y aquellos con menos nivel educativo.

Para concluir, de ninguna manera mi libre albedrio me autoriza para conducirme fuera de los límites establecidos en la regla de oro que nos indica que debemos tratar a los demás como queremos que nos traten a nosotros y que no debemos hacer a otros lo que no quisiéramos que nos hagan a nosotros.  El libre albedrío debe tener límites, basados en el respeto, para que la libertad que nos permite no se convierta en libertinaje.

La educación es clave para desarrollar y rescatar a los individuos de la ignorancia, permitiéndoles evolucionar hacia la necesaria conciencia de sí mismos y de su entorno, logrando su transformación en verdaderos seres humanos capaces de utilizar adecuada y efectivamente su libertad y su voluntad, convirtiéndose en promotores y parte activa de los cambios y transiciones necesarias para alcanzar el bienestar de todos.

Sin educación y, especialmente, sin la necesaria conciencia para salir de la ignorancia, parece que el libre albedrío estaría condenado a ser una más de tantas utopías, con las que los seres humanos pretendemos engañar a otros, sin llegar a entender que nos engañamos a nosotros mismos. 

Publica un comentario

Asegúrate de ingresar la información requerida donde se indica (*)