Jaime Basagoitia

SOBRE EL AUTOR

Entre los muchos intelectuales Salvadoreños que inmigraron a  los Estados Unidos está Jaime Basagoitia.

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Jaime Basagoitia

El Papa, la ecología y la encrucijada del Tercer Mundo destacados

Sábado, 04 Julio 2015 00:00

Un autor narraba cómo los turistas europeos y americanos quedaban decepcionados al ver que los “nativos” (incluyéndose él) gozaban de las comodidades modernas: electricidad, agua y teléfono. Esperaban verlos en chozas y con taparrabos. Exóticos, digamos así. Luego de leer la encíclica Laudato si’, pienso que el Papa Francisco, al igual que los turistas, también.

No pienso enfocarme en la tesis científica, porque históricamente todas han probado ser falsas. Esta no será la excepción. Prefiero enfocarme únicamente en su verdadero costo y quiénes lo pagan

La solución propuesta por el Papa es radical. Primero, incita en ceder la soberanía de nuestros países a organizaciones internacionales dirigidas por burócratas quien nadie eligió; luego, según el Papa, debemos reemplazar nuestra red energética basada en hidrocarburos, por una basada en recursos naturales renovables: eólica (viento) y solar.

El Papa espera que los países del Tercer Mundo, ricos muchos de ellos en carbón, petróleo o gas natural, tengan una conciencia ecologista y se sacrifiquen por el bien común al no explotar  sus propios recursos naturales.    

Recuerdo una  entrevista con el  economista James Shikwati de Nairobi, Kenia. Él expone claramente el reto de su nación: “¿Cómo esperan que un país tan pobre como Kenia adopte tecnología energética alterna cuando los mismos europeos y americanos no lo hacen por ser muy cara? Nosotros apenas si estamos a un nivel de supervivencia”. La energía que no afecta el medio ambiente, en promedio, es tres veces más cara que la convencional, además de ser notoriamente ineficiente. Con nubes y sin viento, no hay energía.

Para probarlo, muestra una clínica construida con conciencia ecológica en una comunidad rural. Los paneles dan suficiente energía para encender la luz o utilizar una pequeña refrigeradora en donde guardan las medicinas y vacunas, mas nunca los dos a la vez. “¿Cómo esperan que unos  paneles solares o molinos de viento puedan producir suficiente energía para montar una planta de acero, correr trenes eléctricos o un hospital, si apenas encienden un foco?”. El mismo economista concluye: “sin electricidad, no hay desarrollo”. El mensaje es claro: los países en vía de desarrollo tendrán que ser forzados a implantar una red energética green; el Primer Mundo, ahora con la bendición del Papa,  le está diciendo a los países pobres que una economía industrial no es para ellos.

A pocas millas de distancia, en  las modernas oficinas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en Nairobi, se reúnen delegados de todo el mundo en la comodidad de instalaciones con aire acondicionado, en buenos hoteles, con transporte vehicular y comida gourmet para discutir las estrategias de desarrollo sostenible para economías emergentes.

Gracias a  la encíclica del Papa Francisco, ahora comprendo que ellos están haciendo una labor divina, por esta razón estarán en mis oraciones, junto con  el Banco Mundial, multinacionales como General Electric y Siemens, proveedores de la  tecnología green al mundo y quienes, juntos con nuestros  hermanos nativos con sus “preciosos” taparrabos  y sus tan “simpáticas” cocinas de leña,  “generosamente” velan por nuestra Madre Tierra.  ¡Laudato si’! ¡Aleluya!

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