Constanza Révérend

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Constanza Révérend

Las implicaciones del caos y el orden en El héroe discreto destacados

Jueves, 23 Julio 2015 00:00

En El héroe discreto (Alfaguara, 2013), Mario Vargas Llosa sintetiza los temas y los personajes presentes a lo largo de su obra narrativa: la mujer y su activo papel erótico que la libera de ser un simple objeto de placer, los amores prohibidos, las instituciones decadentes en las que alumbran seres de una inteligencia intuitiva capaz de superar la inoperancia administrativa, los adolescentes con el espíritu nuevo del cambio, la lucha de clases en una sociedad de falsos valores.

Sin embargo, llama la atención la reflexión sobre las contradicciones entre la civilización y la barbarie, en donde los planteamientos ideológicos no se quedan simplemente en la dialéctica liberal de Sarmiento entre el mundo civilizado europeo, la epítome del arte y la cultura occidental y el caos de la barbarie latinoamericana, donde predomina la violencia en todas sus formas incluso en aquella indefinición de un ser que no se halla a sí mismo, sin una expresión propia, una simple copia mal hecha de una cultura impuesta, porque la reflexión apunta al interior del significado e implicaciones de la dualidad no solo del mundo peruano (digamos latinoamericano), del hombre que se enfrenta a los otros, a su realidad y a sí mismo y se halla encerrado en el materialismo, la masificación social y cultural tan opuestas a la trascendencia de la visión espiritual y ontológica que deviene de la verdadera cultura, así como lo estableciera José Francisco Rodó en su ensayo Ariel en donde Calibán era la triste figura de la deshumanización. En esta novela el autor presenta el otro lado del espejo, ese reflejo en donde la civilización de un mundo de clases se reduce a la impostura de un simple disfraz que da poder, que representa solo una simple imagen vacía de una real dignidad; es precisamente en ese mundo oscuro y alienado, en ese caos sin valores donde toma fuerza la figura del héroe vargasllosiano, en su humildad y su entereza por conservar su integridad y hacer uso de sus derechos.


Felícito Yanaqué, el hijo de un hombre iletrado, aprende de su padre la clave para triunfar: no dejarse pisotear por nadie. Esta idea es la base del individualismo y, a su vez, la fuente ideológica de la visión liberal del mundo que defiende la libertad individual y social en el ámbito político y respalda la iniciativa privada, en contraposición del planteamiento conservador que no apoya el cambio en las instituciones y preserva el status quo. El mundo del personaje se reduce a la dedicación a su empresa y a su amante Mabel, a quien le brinda un amor sincero y casi paternal. 

El escenario es Piura, que ha dejado de ser la aldea atrasada donde funcionaba el prostíbulo de La casa verde, para convertirse en una ciudad en vías de modernización, un lugar en donde la libre empresa surge y se afianza, simbolizada en Transportes Narihualá, la industria que ha fundado Felícito a fuerza de trabajo y tesón.

No obstante, el mundo organizado de este héroe, forjado bajo los valores del trabajo y el respeto propio y de los demás, se ve amenazado ante la incertidumbre de la delincuencia común y de la intolerancia de quienes lo quieren chantajear; estas fuerzas crean un cerco de opresión que desestabiliza las reglas del juego y enfrenta a los personajes a los demás y a sí mismos y ante las cuales se opone el empresario con valor aún a costa de su propia seguridad y anonimato.

En Lima, se desarrolla otro drama paralelo en la vida de Rigoberto, un hombre acomodado quien ha hecho de su casa su refugio, su torre de marfil contra la vulgaridad y el consumismo que le rodean a diario. El hecho de haber servido como testigo de la boda de su amigo Ismael con Arminda, su empleada del servicio, le enfrenta con las hienas, los hijos del empresario rico que llevan una vida parasitaria y holgazana y miran a su madrastra con desprecio, sentimiento que se acomoda al rechazo de la sociedad limeña lo cual tiene sin cuidado al recién casado.  Rigoberto oscila entre sus gustos por la cultura europea: el arte, la música, la literatura y la chocante realidad del desencanto que le causa su propio país. Se arrepiente de no haber emigrado al mundo que para él es el modelo de la civilización. Su cultura elitista, sin embargo, choca con su amplitud y sentido humano cuando es capaz de entablar una relación humana y respetosa con Felícito, Arminda y Gertrudis, personajes de otra clase social, con otra visión del mundo, que no manejan su lenguaje cultural ni su suspicacia intelectual, seres simples que han aceptado vivir su vida de la mejor manera y sin mayores contradicciones.

Queda en claro en la novela que los personajes viven en la dialéctica de estas fuerzas contrarias en donde chocan su conciencia y el mundo de la autoridad y de la norma con sus deseos y dudas más ocultas para crear un retrato del conflicto humano en su complejidad en el que se opta por el camino correcto o por la fatalidad del error que trae a algunos funestas consecuencias como el castigo social, el desprecio afectivo o el ostracismo. Felícito Yanaqué engaña a Gertrudis su mujer, esta misma le ha hecho asumir una paternidad a través de mentiras, pues Miguel es hijo de otro hombre, de uno de los tantos a quienes su madre la entregó; ella misma ha purgado una culpa que no es suya y de la cual ha sido más la víctima; Rodrigo vive en el egoísmo de su mundo sofisticado sin asumir un papel activo frente a la realidad que se desmorona a sus pies, su ser está por encima de la historia cultural de la civilización peruana que nunca nombra y con la cual no se identifica por ser el mundo calibanesco, siempre una mala imitación, siempre carente de la verdadera esencia de lo grandioso.

El héroe discreto no es un retrato de la lucha de clases, es la encrucijada del hombre moderno para quien la civilización es la única alternativa que asegura el progreso y la felicidad que devienen del orden; el caos y la barbarie están vinculados a la búsqueda del poder, a los valores degradados de cambio de un mundo de compra y venta.

Hay dos personajes que están por encima del maniqueísmo y de las contradicciones y se mueven en el mundo de los espíritus, de la intuición, de otra forma de conocimiento: Fonchito, el hijo de Rodrigo, quien entabla una relación con Edilberto Torres un espíritu amable y torturado, y Adelaida, la mangache afroperuana cuyas revelaciones guían a Felícito y le previenen de la tragedia. Por vivir en otro nivel del conocimiento ellos están a salvo de los pseudovalores de la visión del mundo del capitalismo, de los enfrentamientos de clases, de las querellas entre las búsquedas de grandeza espiritual por encima de la chatura del materialismo. Son el símbolo de  la trascendencia del hombre que no se queda reducida a sus obras o sus logros en el mundo racional, son una alternativa a la apertura a un orden ontológico carente de la miopía del egoísmo y el poder.

 

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