Jaime Basagoitia

SOBRE EL AUTOR

Entre los muchos intelectuales Salvadoreños que inmigraron a  los Estados Unidos está Jaime Basagoitia.

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Jaime Basagoitia

Yo soy un voto de fracaso destacados

Domingo, 09 Agosto 2015 00:00

En 1981, mis padres, al igual que millones de personas de todas partes del  mundo, tomaron una decisión de abandonar nuestro país y buscar otra alternativa para todos nosotros, dejando atrás todo aquello que hasta ese momento representaba nuestras vidas: hogar, familia, amigos, profesiones,  tierras, negocios, sueños.  Sea cual  fuere la razón: económica, política o social, abundan historias como la nuestra, cada una, una odisea.

Dejar atrás lo conocido y aventurarse a un mundo nuevo requiere de agallas y eso debe  reconocerse. Recuerdo a mi hermano decir que todo emigrante que llega a Estados Unidos, después de recorrer México y cruzar la frontera,  debería de, no solamente obtener  la ciudadanía, sino, además, recibir una medalla. El debate migratorio lo dejo a otros. El porqué tenemos que emigrar pica mi curiosidad. Una entrevista de Jorge Ramos (Univisión) sobre el tema, a Ann Coulter, autora del libro sobre migración Adiós América, cristalizó un profundo pensamiento que me acercó a la respuesta.

En la entrevista, que se convirtió en debate, Ramos le dice a Coulter en un momento de intensidad: “Ann, ¿tú entonces piensas, que hay razas inferiores?”, y Coulter respondió: “No Jorge, pero sí culturas deficientes…, si no fuese así, esta entrevista me la estuvieras haciendo en México y no en América”. Premisa a la cual Ramos no pudo responder.  ¿Culturas deficientes?   Si las acciones hablan más que las palabras, mi familia, yo y otros millones de inmigrantes somos todos un voto de fracaso de las culturas y sociedades que nos vieron nacer. 

Atrás dejamos el grito de Puebla,  Miguel Hidalgo, Morelos y Benito Juárez, en México; Arce, Matías Delgado y Francisco Morazán, en Centroamérica. El gran Libertador Simón Bolívar, Santander,  Nariño y La Pola (una de mis favoritas), en Colombia, Venezuela, Ecuador y Perú;  O’Higgins, Belgrano y San Martin, en Chile y Argentina; Silva Tiradentes, en Brasil; Jose Martí, Duarte y Toussaint-Louverture, en Cuba, Dominicana  y Haití. Lo mismo aplica a los rusos, africanos o asiáticos que ahora llegan a nuestras costas buscando una “mejor vida”. Emigramos todos en busca de la visión de Washington, Jefferson, Adams y Hamilton. Inmigramos a una sociedad en donde el concepto de derechos naturales, el marco legal y un sistema capitalista llegaron a formar una nación excepcional, motor del mundo actual, al cual ahora llamamos “nuestro hogar”.

Yankees go home ha sido el “grito de guerra” que ha unido a nuestros pueblos en la formación de nuestras sociedades modernas.  Irónico que ahora, millones y millones de nosotros tocamos la puerta y hasta exigimos a esos mismos yankees que nos dejen entrar y vivir en su home. Probablemente lo harán y la historia volverá a repetirse. Tomaremos de nuevo el mismo grito de guerra, celebraremos a líderes y sociedades de los cuales nos vimos forzados a huir y exigiremos luego, bajo la bandera de los derechos humanos, que nos dejen nuevamente entrar.  Realmente reacciono igual que Ramos al comentario de Coulter sobre “culturas deficientes”, con pena,  porque tampoco  tengo cómo refutarla.  

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