William Castaño-Bedoya

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William Castaño-Bedoya

En la orilla de Rafael Chirbes: un adiós inesperado al juglar de la cosa social española destacados

Martes, 20 Octubre 2015 00:00

Si bien Rafael Chirbes, tristemente, acabó de existir en el plano físico el pasado 15 de agosto (cuando apenas contaba con 66 años), prevalecerá con su narrativa, impregnada de realismo,  como un juglar de experiencias propias y ajenas. En su obra reciente: En la orilla, Editorial Anagrama, 2013. Rafael nos muestra la cosa sociopolítica de la España de comienzo del siglo XXI, cuando sus protagonistas, atrapados entre flamencos y sevillanas, sufrieron los embates de la des-validez y la decadencia.

En la orilla, es una novela que deja de manifiesto cómo los personajes narran con crudeza su tragedia anímica en medio de anécdotas que dibujan la forma como los padres de familia despertaban cada día con cuatro problemas rutinarios que resolver: el desayuno, el almuerzo, la cena y la merienda de sus hijos y que al cabo del día tan solo uno o ninguno de sus problemas hubo de solucionarse mutando más bien al hurto justificado por el hambre ya dueño de la situación unos días después. Problemas que en otras latitudes hoy abruman a millones de personas mientras el mundo gira. Me refiero a los sirios de hoy, los afganos, los mexicanos y centroamericanos de siempre, por mencionar algunos, que por el solo hecho de salir en noticias como inmigrantes no constituyen una muestra de los más desvalidos, pues los más desvalidos son aquellos que a falta de recursos, ni siquiera han podido adoptar la huida como solución. Evocando un consuelo de tontos pudieramos pensar que quienes tienen el privilegio de trasegar hacia las tierras prometidas de Europa o de América camino al norte es porque, de alguna manera, han tenido unos dólares o unos euros para pagarle a las mafias que se lucran con sus ilusiones anónimas, los que no, simplemente no existen.

Chirbes logra poner de manifiesto cómo, en el mundo del ser y su condición humana, ajeno a las influencias políticas de izquierdas o derechas, los afanes del individuo se centran en su lucha por comprender sus fragilidades sociales y deja de manifiesto cómo se es corrupto por circunstancias o por propósitos. Los personajes de la trama, en un monólogo imperante, espetan realidades disímiles: el jefe portentoso y el jefe fracasado, el empleado activo y el empleado degradado, el despido, el paro, la decadencia, los anhelos vs. los logros, la frustración sumada a la impotencia de no poder recomponer los rumbos bajo ninguna circunstancia en realidades donde el exilio ni siquiera se asoma como una luz. La culpa y los culpables. Algo que ha dejado claro la novela de Chirbes es que la decadencia y sus insultos solo afectan a aquellos que la analizan, la sienten y la experimentan con el hambre, y les afecta con el mismo rigor como la felicidad lo hace sobre aquellos que la saborean en cosas simples.

Mientras millones de españoles viven el paro, otros ni lo notan. Sin embargo, hay dentro de los que lo viven, otros que realmente lo sufren agravados por su condición de inmigrantes, indocumentados; “los sin papeles” como los llaman allá y no se refieren solo a los ecuatorianos, colombianos, dominicanos, muchos de ellos refugiados politicos o solo económicos, sino también a los marroquíes y a los islamistas que necesitando algo nuevo, como la libertad, se refugian en los países occidentales que les significan luz a su existencia y que, en la novela, personificados por Ahmed y Rachid, encuentran en la realidad española un punto sin retorno.  La anécdota lo deja ver: Ahmed descubre un cadáver putrefacto en un pantano pero debe callar por temor a verse incriminado debido a su estado de ilegalidad. El pantano, a su vez, simboliza todo aquello degradable que se consume por sí mismo llevando consigo los olores de la mezquindad. Ahmend junto a las prostitutas ucranianas, colombianas, bielorrusas son otros más de “los sin papeles”; remoquete español que significa lo mismo  que para muchos políticos en los Estados Unidos son los “ilegales”, “delincuentes”, “violadores”, “narcotraficantes”, “pinches mejicanos” y otros portentos.

La perspectiva de En la orilla mantiene como leitmotiv la decadencia y todos sus componentes de resentimiento desde el rincón de la pobreza, razón por la cual apunta a la degradación de los culpables en todo momento, culpables que se encarnan en el político corrupto, en el magnate corrupto, el padre corrupto, en los amigos corruptos, y explica entre ansiedad y ansiedad, las acciones de las víctimas que en afán de supervivencia terminan tornándose victimarios igualmente corruptos. Chirbes ha plasmado realidades distintas aunque repetitivas en la humanidad desde su creación. La reflexión es que quienes habitamos este planeta no hemos parado de plantear ciclos de crecimiento social y de decadencia aunque en épocas modernas la humanidad entera luche por inclinar las balanzas hacia la evolución del individuo y sus derechos. El género humano se ha parado en la tierra como un ente que se autoelimina de forma cíclica y se autoinventa. Unos, estratégicamente, en uso de su carácter de especie racional, se “atribuyen” el derecho de eliminar a otros, mientras estos últimos —en uso de sus mismas condiciones de racionalidad—  andan confabulándose por ahí para eliminar a unos cuantos, en un proceso repetitivo que ha llevado a la humanidad a una evolución de tipo “pasito tuntún” —por expresarlo mejor o diferente—, en otras palabras a una evolución que avanza tres metros pero que retrocede casi lo mismo, mostrando avances ínfimos en el plano del infinito. Desde que occidente adoptó la democracia como un sistema viable al que no logró desterrarle la corrupción, vemos que tanto el individuo como la humanidad ha avanzado un poco más comparado con otros sistemas cerrados donde la corrupción lo es todo.

El ser humano, mientras tanto, lucha por lograr que la humanidad gobierne al individuo en democracia representativa y ponderada y no que el individuo gobierne a la humanidad en uso de facultades monárquicas o de dinastías. Ejemplos de esta última modalidad empiezan a pulular en América Latina de la mano de Cuba, Venezuela, Nicaragua, y están atornilladas en regímenes como el de Bashar al-Assad en la convulsionada Siria.

 

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