Constanza Révérend

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Constanza Révérend

Realidad vs ficción en Coincidencias de un editor destacados

Jueves, 17 Diciembre 2015 00:00

En la novela del escritor cubano Manuel Gayol Mecías, Coincidencias de un editor (o el exorcismo de Joel Merlín), Neo Club Ediciones - Palabra Abierta Ediciones, 2015, el realismo va mano a mano con la crónica y el testimonio, pero, a su vez, los alcances poético-filosóficos de la ficción narrativa crean un plano connotativo mucho más profundo en el cual hay una intención de explicar y discurrir sobre el proceso del pensamiento en la verdadera comunicación periodística.

La historia se desarrolla en una entrevista entre el editor de diario Joel Merlín y el supuesto autor de la obra, el Mano, y una figura que está presente como espectador-lector de todo cuanto acontece en la vida de Joel y escribe el Mano, Samuel Ludi, un superego quien siempre conmina al protagonista narrador (ego) a darse cuenta de la realidad para que éste ponga en perspectiva los acontecimientos que el Mano (alter ego) debe entender y escribir.

 El testigo y actor de los hechos, quien sufre la realidad y padece sus implicaciones, cuenta una historia personal a un escritor que le escucha y pregunta, el supuesto autor del libro sobre este testimonio. En un aparente diálogo que más se parece al discurrir del pensamiento de un narrador en primera persona: el verdadero protagonista y demiurgo que recrea este teatro de mundo de la redacción, se ve interrumpido por una tercera persona omnisciente que entra estratégicamente en la narración, una voz que se hace presente con correos electrónicos que advierten al protagonista. Este recurso narrativo pone la historia en tres niveles distintos de la realidad: el subjetivo del testimonio emotivo del Editor, el objetivo del escritor ajeno a las vicisitudes de una historia que no le afecta de primera mano y que reinterpreta, y el de la conciencia que observa y critica al Editor y trata de imponer unas pautas a su comportamiento desde el ámbito de lo racional. Tres tiempos pasado (narrador), presente (conciencia) y futuro (escritor), tres aproximaciones a la realidad quien la sufre, quien la reflexiona, quien la transcribe.

 Más que un diálogo, es un monólogo que lleva a cabo Joel Merlín, el Editor, para revelar los acontecimientos que explican cómo la pérdida del propósito de un periódico fundado bajo los criterios no solo de la información pertinente, sino del respaldo y la guía de la comunidad hispana en Los Angeles, un diario reflejo de las necesidades de este conglomerado a nivel social, político, ético y cultural, se fue disolviendo y confundiendo en los vericuetos de una mala administración que no supo responder a la crisis informática suscitada por la internet y a la contracción económica. La puesta en escena del narrador muestra la incapacidad de los administradores de crear un espacio de calidad donde a los editores se les diera la oportunidad de la reflexión, de la verdadera puesta en contexto de la noticia que llegara a los lectores para enriquecer su visión de la realidad, y, muy por el contrario, descubre una sala de redacción convertida en una especie de maquinaria repetidora de malas noticias que se manejan como artículos sensacionalistas de consumo para vender el periódico impreso y la página en línea.

 El pesimismo del Editor sobre la capacidad real de presentar a profundidad la noticia e informar con claridad al lector es un leitmotiv que mueve la reflexión de Joel por diferentes ámbitos del ejercicio de escribir. Este discurre sobre el aspecto formal del lenguaje y el alcance de la palabra para precisar la realidad, para convertirse en un instrumento que desvela y clarifica o, por el contrario, en una forma de encubrir y ocultar la mediocridad de quien la usa: “… la palabra engaña, la palabra se puede hacer un filo cortante que lacera; un pequeño fósforo encendido que incinera todo el texto; una palabra mal escrita, como falta garrafal de ortografía, puede acabar con la belleza y el interés de un texto…” p.58. A su vez, el narrador haciendo uso de su investidura profesional como escritor y corrector aclara cómo en el mundo de la redacción ideal todas las piezas son necesarias para que el mensaje llegue no solo bien escrito, sino que realmente alcance a significar una verdadera noticia, un comentario profundo, una reflexión seria: reporteros, editores y correctores de prueba son el respaldo humano que no puede faltar en un medio informativo. A su vez, precisa el proceso paulatino de depauperización periodística al que llevó el mal manejo de este diario latino, el cual le hizo perder la noción del lector a quien debía ir dirigido, para quedarse en el limbo del ámbito de la internet donde se plantea una competencia no solo con otros diarios, sino con los diferentes sitios de social media llevados por la inmediatez y la superficialidad del chisme, no por la reflexión periodística.

Al lector de las Coincidencias de un editor le queda claro que el mundo de Joel ya no existe, que la reflexión filosófica, semántica, creadora de la comunicación se está suplantando por un mensaje que desea llevarse a un lector que no quiere ser informado a profundidad, que no quiere ser molestado con reflexiones y puestas en contexto, un mero observador de imágenes, un devorador de la violencia y la crisis, y que el ejercicio de los verdaderos periodistas y editores que desean llegar al lector necesitado de la verdadera información, de la puesta en claro de las aristas de la realidad es cada vez una tarea más ardua, quijotesca y marginal.

El supuesto testimonio trasciende entonces a una reflexión profunda sobre el poder de la comunicación y la manipulación de la información, en un mundo fragmentado por los intereses económicos de los grupos que manejan los medios a expensas de la necesidad de subsistir de los comunicadores y de la inquietante desinformación de quienes desean y necesitan saber qué está pasando y por qué.

En el caso de la prensa, el editor es el alma, la sensibilidad y firmeza de un escrito, ¿y por qué?, pues por la importancia que tiene un texto. Y lo más triste es que nadie valora eso… Bueno, nadie no, pero sí una enorme cantidad de personas, al leer un texto muchos no piensan en que alguien lo editó… [que] lleva dentro de su visión de lectura la sensibilidad y el derecho de cambiar y reescribir un texto. El editor es de hecho un escritor que observa y corrige a otro escritor (p.111-112).

El libro de Gayol Mecías toca los dos mundos: el real y el imaginario en una crítica mordaz sobre la encrucijada de los medios impresos no solo del mundo hispano en los Estados Unidos, sino en el mundo entero. La ficción se parece demasiado a la realidad, a la historia, al ensayo crítico, al discurso filosófico, un texto que posibilita múltiples lecturas desde diferentes enfoques, que no desea ocultar, bajo ningún pretexto, la verdad sobre el fraude profesional y humano en la era de la comunicación y la informática digital.

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