Deconstrucción del antagonismo femenino frente al mundo dominante: Mi maravilloso mundo de porquería destacados

Jueves, 24 Diciembre 2015 00:00

El enfrentamiento del hombre contra el mundo y contra los demás seres es el ingrediente esencial de las novelas que caen en la reflexión existencialista de la modernidad.

Por el contrario, en la novela postmoderna existe una oposición al racionalismo, un marcado énfasis del individualismo y de la falta de compromiso social del cual se preciaba la literatura de los 70 y 80 en Latinoamérica, cuya tendencia a la izquierda y sus planteamientos de reivindicación social eran un elemento en común.

La postmodernidad es una toma de conciencia desacralizante frente a la cultura dominante en todas sus formas y tendencias y, a su vez, una postura que se pone al margen, de manera crítica, de todos los principios políticos o religiosos, los sueños, las premisas éticas, culturales, sociales de un mundo cuestionado por la realidad misma y los determinismos históricos, las bases fundamentales de la pérdida de la fe en los absolutos, de un nuevo agnosticismo donde el hombre es dueño de sí mismo y su destino por incierto que este se presente.

Bajo esta perspectiva se plantea la novela de Elssie Cano, Mi maravilloso mundo de porquería, Librooks, 2014, cuya estructura se basa en un discurso doble, en dos mundos paralelos pero complementarios: la vida de Mariela Valdez, la ilusa joven ecuatoriana que se enfrenta al cambio y a la pérdida de la inocencia a su llegada a Nueva York, y la reflexión de la voz narrativa, el verdadero alter ego de la autora, una narradora omnisciente que reflexiona sobre el mundo, sobre los personajes, sobre la identidad, sobre los mitos religiosos y culturales, sobre la historia de final y principios de siglo de aquí (Estados Unidos) y de allá (Ecuador-Latinoamérica).

 Mientras que la historia de Mariela transcurre en el intimismo del darse cuenta y descubrir, la voz narrativa nos hace partícipes de sus certezas, de sus juicios de valor, de su reflexión sobre la decadencia, las contradicciones históricas, la violencia e injusticia en todas sus formas. La historia central es narrada en primera persona: la mujer tímida se apropia de su cuerpo y de su historia asumiendo las consecuencias de sus actos con la libertad que le permite ser víctima del engaño, la violencia, la violación y la manipulación contra las que debe luchar para descubrirse y liberarse a sí misma. La narradora omnisciente cuenta los hechos desde una visión particular que denota su escepticismo y su desilusión; lo interesante es que su participación no es objetiva, por el contrario, su tono es mordaz, impertinente, un arma que va descubriendo las falsas tradiciones que han dejado a la mujer rezagada, sin voz, prisionera de su cuerpo, sin albedrío ante el maniqueísmo donde ella es un títere social. Mientras Mariela reafirma su feminidad y su derecho al amor a pesar de sí misma y de los demás, la narradora toma la palabra para encarar los dogmas que como sofismas de distracción enfrentan al hombre contra la mujer.

Sin embargo, la protagonista no supera la vulnerabilidad a que la somete el amor incestuoso a su sobrino, porque a pesar de llevar hasta sus últimas consecuencias la relación, los prejuicios quedan latentes en un silencio que se parece más a la aceptación que a la libertad. A su vez, la violencia que rodea a Mariela y a los protagonistas se manifiesta en todas sus formas: el abuso sexual, el abuso de poder, el engaño, la pobreza, la incertidumbre y el vacío, retratos de una realidad que no cambia, que los inunda en un caos permanente que los hace víctimas no solo de los demás sino de sí mismos.

La búsqueda de Mariela es una forma de asumir su cuerpo y descubrir el poder que tiene; no obstante, el cuerpo que en el amor se entrega, descubre un espíritu que se somete en el amor que la subyuga y del que se deja llevar como una forma de rendirse. La relación entre James y Mariela no es de iguales, es y seguirá siendo una relación de dominio y de poder. Para la conciencia que reflexiona, por el contrario, la toma de la palabra ha significado un hacerse oír, un estar presente desacralizando un mundo que se desmorona y se devora a sí mismo, gracias a sus cuestionamientos y su objetivación de la realidad y sus implicaciones logra deconstruir las máscaras que ocultan los sofismas de distracción de un mundo degradado donde prevalece la voz que clama por la libertad y el amor que permitan ser a plenitud a todos.

Publica un comentario

Asegúrate de ingresar la información requerida donde se indica (*)