Por qué escribí El último romántico

Lunes, 21 Abril 2014 00:00 Escrito por  Publicado en Notas literarias Leído 706 veces

Novela de José Díaz-Díaz

Debo confesar que los momentos más placenteros de mi cotidianidad suelen suceder cuando puedo salpicar con un poco de humor la situación por la cual estoy atravesando. Pareciera que el sarcasmo, la ironíay la sátira, hacen parte de los componentes elementales de mi química cerebral. En fin, disfruto mucho -y lo reitero-, cuando puedo hacer chiste de algo o buscarle el lado burlesco a cualquier situación por más ceremoniosa que sea. Sin embargo, la fuerza de la Realidad se ha salido con las suyas y !heme aquí! con esa imagen adusta y formal que siempre me acorrala, me doblega y me acompaña.

Que yo recuerde, he tenido que pagar caro por dejar salir a flote esta tendencia visceral. Cincuenta y siete años atrás, cuando fungía como miembro de un coro parroquial -tendría unos 6 años de edad- el cura director me sacó a empellones del ensayo y del templo, propinándome de paso un tremendo bofetón, dizque porque estaba saboteando la canción, disonando a propósito, cantando en un tono que no era el que la pieza musical exigía. Unos años más tarde el profesor de matemáticas me expulsó de la clase porque, mientras él explicaba el concepto de los logaritmos, me pilló distraído dibujando en un papel trazos de un posible dibujo obsceno. Más tarde, ya en la universidad, algo parecido me aconteció con el profesor de «cultura medieval» cuando me llamó con severidad la atención debido a que mientras él explicaba las costumbres de los Caballeros Templarios, yo pasaba ruidosamente las hojas del periódico del día y, a la vez, escondía los bostezos que me producía el bizantino tema.

 Y así podría seguir enumerando anécdota tras anécdota, pero como el objetivo de las líneas que escribo es el de vislumbrar el impulso que me llevó a escribir la novela El último romántico, pues debo ir al grano y confesar de inmediato, que fue el de narrar en «clave de parodia», en ritmo de desahogo si se quiere, las desventuras de un joven antihéroe que lleno de ideales y de sueños, apostó por la felicidad y lo ganó la tragedia.

«Suena algo filosófico», pensará alguien. Pues sí. No hay equivocación en absoluto. Resultó ser una novela filosófica tal como un amigo la calificara. Gerardo Antonio, el desgraciado y provinciano personaje que vivió entre Bogotá y Caracas durante la segunda mitad del siglo pasado, es el encargado de materializar la Metáfora del descalabro existencial, de soportar toda la descarga biliosa de mi desacuerdo vertical con el estado de cosas de nuestra sociedad, de nuestra doble moral, de la distancia insalvable entre la realidad y el deseo, entre el ser y el deber ser, en fin, entre la cruda realidad y el soñar con un mundo mejor.

Para que el muchacho no se sintiera tan solo le conseguí un acompañante: un enano o, mejor, un liliputiense sabiondo y egocéntrico, falaz y superhombre [para reir], en otras palabras, le conseguí un coprotagonista con su linaje y todo por supuesto, para que fungiera de bufón a lo largo de toda la historia.

Pero el verdadero personaje no comediante es «El librero», quien hace el papel de narrador. Ese sí es el duro, ya que no vive de ilusiones y desde el comienzo declara, como si trajera a colación el discurso de Arthur Schopenhauer, que:

…he llegado y, me siento obligado a confesarlo, a la edad en la cual la vida es finalmente aceptada como una derrota.

 

Con este elenco, adicionado al de los personajes femeninos que no podían faltar(Mara y Lisandra v. gr.), quienes soportan la emoción del erotismo hilarante y salvaje de la tragicomedia y asumen la fortaleza de no quebrarse ante ninguna adversidad, se abre el telón para dar comienzo, sobre un tingladode mofa, al más serio de mis trabajos hasta ahora emprendidos.

 

Qué más puedo yo decir. Bueno, los alerto para que no esperen un cuentico complaciente. Los ingredientes de la fórmula son explosivos y así como los pueden transportar al cielo, también les pueden dar una pasadita por el infierno. C‘Est la vie, madame, dicen los franceses; “esto es una mierda”, dicen los cubanos; “el último que se vaya que apague la luz”, decían los uruguayos.

Ultima modificacion el Martes, 22 Abril 2014 21:16

Publica un comentario

Asegúrate de ingresar la información requerida donde se indica (*)