La democracia de hoy

Lunes, 21 Abril 2014 00:00 Escrito por  Publicado en Notas literarias Leído 948 veces

Por Janiel Humberto Pemberty

La votación del Senado Federal de los Estados Unidos de América ‒según muchos la democracia más sólida del planeta‒ con relación a la Ley que pretendía disminuir la posibilidad de que población indemne resulte masacrada por francotiradores improvisados y que de paso buscaba controlar el comercio particular de armas de asalto, da mucha tela para cortar y debería hacer reflexionar incluso al lector más desprevenido.

No tan solo porque ese cuerpo legislativo hizo caso omiso a la voluntad de grandes sectores de su pueblo que vienen reclamado una verificación de los antecedentes penales y mentales del comprador de armas en ferias, eventos o por Internet, con el argumento de que tal ley vulneraría la Segunda Enmienda a la Constitución –argumento que para muchos salvaguarda intereses económicos y de poder– o porque, como se sabe, muchas de las personas que los pueblos eligen para que los representen están bajo el influjo de poderosas corporaciones e intereses financieros, cuando ellos mismos no son asociados directos o indirectos de esos intereses, sino por algo más profundo que los incluye y cuyo huidizo fondo valdría la pena tratar de dilucidar: nuestra condición de especie pensante y consciente de la pugna entre la predisposición gregaria que nos aglutina y nuestras tendencias individualistas vapuleadas por una supervivencia expuesta sin atenuantes al azar, el deterioro y la desintegración. Sobre todo la supervivencia, tan ligada a lo impredecible y al caos, que tanto apremia a la vida y que siendo en sí misma una espada de Damocles sobre la vida es también, irónicamente, una paleta de colores que enriquece la esencia de la vida.

Acaso, después de todo, la conciencia del tiempo sea nuestro mayor premio, un regalo mágico para la especulación, la filosofía, la creación y el artificio, pero paradójicamente, nuestra más cara maldición, la cuerda floja por la que avanzan nuestros días bajo la contingencia incesante de terminar en el abismo de la muerte sin rostro, el más allá que desconocemos y del que no se regresa. Quizá esa contingencia es el motor verdadero y oculto de nuestra búsqueda perpetua de puerto seguro donde anclar, puerto que de todas maneras ya hemos identificado pero nos negamos a admitir: la aniquilación. Sabemos que estamos limitados por nuestra temporalidad efímera y aun así nos aferramos con dientes y uñas a ella.

Por eso acaso somos tierra tan fácil para toda clase de ideologías, sectarismos, principios, credos y fanatismos por absurdos, fantásticos e inhumanos que ellos sean. Y más aún, semilla tan fértil en el arado de los intereses económicos y el poder. Y el poder y el dinero, lo hemos sabido desde siempre, no tienen en cuenta la vida de nadie ni el dolor de nadie ni el bienestar de nadie; ni siquiera el progreso de nadie. A ellos solo les interesa su autoabastecimiento y su multiplicación en más dinero y en más poder. En palabras de Schopenhauer el dinero es como el agua salada: mientras más se bebe, más sed da. Y como no tiene conciencia del límite, va expandiéndose en todas las esferas del conocimiento, el goce, los derechos y las necesidades humanas y sobre lo más sagrado y enaltecedor de la especie. Dinero y poder quebrantan todos los valores, se ríen de la sabiduría, desdeñan la compasión y pisotean cualquier sueño de igualdad entre los hombres. Como casi todo lo pueden se permiten la mediocridad y la estulticia. Las suyas son una sed y una codicia sin fondo aunque ahoguen a la sociedad en sangre y abofeteen a la justicia, a la equidad y a los derechos de los ciudadanos de cualquier país del mundo, pues como bien dice el escritor español Antonio Gala, al poder le ocurre lo que al nogal: no deja crecer nada bajo su sombra.

Bueno, no el poder y el dinero, que tan bien se avienen para confabular y que al fin y al cabo no son más que pobres cataplasmas para nuestra herida de morir después de una supervivencia azarosa, sino, para hablar con mayor propiedad, el uso que los hombres hacemos de ellos y la manera como nos rendimos ante ellos.

 

Ultima modificacion el Martes, 22 Abril 2014 21:06

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