La carroza de Bolívar: Una mirada presente a las andanzas pasadas del Libertador

Miércoles, 03 Septiembre 2014 00:00 Escrito por  William Castaño-Bedoya Publicado en Notas literarias Leído 681 veces
Carnaval de negros y blancos. San Juan de Pasto. Nariño. Colombia Carnaval de negros y blancos. San Juan de Pasto. Nariño. Colombia

La audacia de Rosero en La carroza la Bolívar (2012) trasciende en la medida que devela una serie de suspicacias muy bien entreveradas que salpican esa imagen consistente que pudiéramos tener del Libertador.

Después de leer la novela y ponderar las suspicacias que plantea acerca de las cosas que el Libertador hizo o dejó de hacer, no se puede evitar que ciertas dudas se incuben en la memoria y que solo podamos evaluarlas de acuerdo con nuestros propios juicios y  valores,  y de acuerdo también, con el nivel de apreciación que tengamos acerca de las formas de vida en esa época. Imaginemos que en ese entonces todo era más caótico y rudimentario y que la causa libertadora se hacía cada vez más compleja por muchas variables de tipo político,  militar y religioso. Sin embargo,  Bolívar,  en su relativa juventud para tan altos menesteres —murió con tan solo 47 años de edad, siendo ya el Libertador—, se impuso un proceso de liberación a lomo de caballo, en medio de alianzas y traiciones sistemáticas, capoteando a como diera lugar cada momento, cada situación, cada instinto, cada intuición, para desterrar siglos de sometimiento español de un territorio geográfico tan basto, tan inmenso, que difícilmente podía reconocerse a no ser de forma intuitiva, valiéndose de rudimentarios mapas, nada compatibles con los de Google Earth en tiempo presente.

Ese ir y venir en la novela de lo que se cree que fue,  que no se le sostiene a nadie pero que goza de una cantidad solapada de simpatizantes, es quizás el aspecto que más la enriquece y que la aparta de otras, que al ser leídas, simplemente son olvidadas aunque tengan un gran valor literario. Así pues, las suspicacias planteadas por Rosero constituyen arraigos históricos implícitos en todo gran paladín, en grandes héroes de la historia desde milenios. Es una novela que concentra la atención en cosas muy particulares de Bolívar pero que, aunque los pastusos de la novela muestran como aparentes testimonios, no logran desvirtuar la grandeza del Libertador. Es como aseverar que García Márquez no es el mejor escritor de nuestra  historia reciente simplemente porque fue simpatizante del fracasado proceso cubano.

La novela deja un montón de reflexiones.  Una es que en la medida en que la humanidad ha avanzado, durante siglos y milenios pocos han sido los libertadores. Me atrevería a decir que no los hay porque no se han generado pese a que la humanidad ha permanecido en guerra y que se mantendrá en la misma línea per saecula saeculorum. Latinoamérica hoy convive lamentablemente con muchas imitaciones del Libertador, es decir, con una dicotomía entre el plagio de la imagen de Bolívar y la verdad. Cómo quisieran acercarse aunque fuera un poco a la potestad de libertador en el siglo XXI esos jefes máximos de algunos países latinoamericanos, quienes ayudados por el modernismo y las facilidades que este les ofrece las usan como herramientas para manipular, engañar y corromper. Ellos no saben qué significa ser libertador,  ni siquiera pueden dimensionar el mal que están produciendo a sus pueblos en honor a  los poderes obtenidos. 

El cambio histórico fundamental que logró Bolívar fue lo que le hizo pasar a la historia como héroe libertador de verdad. Sin embargo, esta investidura no necesariamente garantiza que haya sido un gran demócrata o un magnífico administrador de grandes pueblos, máxime cuando el modelo democrático, en esos días, apenas se empezaba a ver como una forma viable de gobierno. Recordemos que la democracia llevada a la praxis es muy reciente en el mundo y que Bolívar apenas la observaba como un modelo de gobierno naciente en el Estados Unidos de ese entonces, cuando las monarquías reinaban por doquier, al igual que las dinastías y otras formas de poder absoluto. Para la muestra el botón que nos ocupa: Latinoamérica era presa del poder que llegó a tener en el mundo la monarquía española.

La destrucción del aparataje monárquico en la Gran Colombia se logró con la implantación por la fuerza del otro ideal que exigía la creación de un nuevo mito continental con sus símbolos propios: la libertad. No obstante, la democracia no había hecho escuela en Bolívar pese a estar obligado a gobernar la post-guerra.

Es irónico, en nuestros días  en Latinoamérica observamos otras analogías históricas como la de Fidel Castro que habiendo sido muy audaz desterrando militarmente el poder anterior de Cuba, ha sido un desastre como administrador de su pueblo irónicamente “liberado por él”. Igual sucede en procesos como el de Nicaragua como por mencionar uno de los tantos ejemplos de liberación en nuestro continente.  Hago esta aclaración para justificar al Libertador como un administrador que no contaba con un modelo democrático desarrollado como para emularlo. El no haberlo tenido ayudó a que cuanto hiciera generara suspicacias históricas. Es otras palabras, en su soledad, a Bolívar le tocó pensar en qué modelo de gobierno adoptar para mantener un estándar de control. El problema radicaba en que aunque la guerra con España había terminado, las guerras internas por el poder afloraron y desafortunadamente aun permanecen vigentes.

Hablando de reflexiones y ya para terminar de poner en contexto  ciertas suspicacias que también se plantean en la  novela, la predilección de Bolívar por las mujeres hay que comprenderla, es la faceta que no corresponde al mito, pero sí al hombre,  a la persona común y corriente de la época, con todas las fallas y sueños de su condición humana. Era un hombre joven, instintivo, desconfiado, necesitado de soluciones básicas que se complicaban por su oficio de soldado. No puedo imaginármelo, en esa época, montado en un caballo durante meses para pasar de un país a otro, sorteando batallas, enfermedades, traiciones, espionajes y durmiendo en el monte soportando pesadillas y delirios, rodeado de solo hombres, asustados, con la adrenalina al tope y sin poder dar rienda suelta a sus emociones de ninguna manera. Quizás por eso me atrevo a decir que un Libertador lo es por encima del bien y del mal, pese a la angustia que produjo en propios y extraños. Por seguro, Bolívar, sus hombres próceres o soldados comunes tenían la necesidad de mujeres y cuando no las tenían simplemente las buscaban. Todo esto debió haber sido cierto, seguro lo fue.

Ultima modificacion el Miércoles, 03 Septiembre 2014 21:29

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