Janiel H Pemberty

SOBRE EL AUTOR

Toda biografía, por mínima que sea, es en cierto modo una confesión. Ver más aqui

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Janiel H Pemberty

Janiel Humberto Pemberty: lo anecdótico está mediado por una intencionalidad estética

Martes, 13 Diciembre 2011 00:00

Toda biografía, por mínima que sea, es en cierto modo una confesión.

Confesión que además de obligar a su autor a sincerarse con un lector anónimo, le “exigiría” la relación de lo sustantivo de su vida, amén de la inmodestia de hablar de sí mismo. Y ya que habrá de relatar una serie de acontecimientos de los que ha sido agente o paciente, ¿cómo logrará separar lo sustancial de lo anecdótico? Claro que esta eventualidad está mediada por la intención y la personalidad del autor.

Y en mi caso, por ser yo un escritor que está acostumbrado a sincerarse con sus lectores, de una forma, digamos, camuflada, -pues es sabido que toda obra literaria es de alguna manera autobiográfica- lo anecdótico está mediado por una intencionalidad estética. Y así, en esta ocasión, se trataría tan solo de precisar algunas señales que he ido dejando regadas en mis obras.

Diré entonces que nací bajo condiciones precarias en el seno de una sociedad que hacía tiempo ya había abandonado los mitos y leyendas de la antigüedad clásica; que además se había sumergido hasta el cuello en las simetrías de la razón y que se sometía sin cuestionamientos al nuevo dios de la ciencia. Hacía centurias quizá que la poesía había dejado de ser pan para el hombre y esa cosa liviana, alada y sagrada, según Platón. Además, se adentraba inocente en las arenas movedizas del mercantilismo. Ahora sé que debido a esa disyunción cultural, mi alma inquieta debió atravesar un largo periplo de vacíos y sueños rotos.

Mi infancia nómada, solitaria y sin padre, se despeñó por una cascada de asombros, temores y carencias que llenaron mi imaginación de espíritus acechantes a los que solo la presencia de mi madre lograba ahuyentar. Hoy tengo claridad sobre algo que debí haber aprendido por lo menos desde los inicios de mi segunda juventud: que, como decía Borges:

Un escritor, o todo hombre, debe pensar que cuanto le ocurre es un instrumento; todas las cosas le han sido dadas para un fin y esto tiene que ser más fuerte en el caso de un artista. Todo lo que le pasa, incluso las humillaciones, los bochornos, las desventuras, todo eso le ha sido dado como arcilla, como material para su arte; tiene que aprovecharlo.

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