Hernan Orrego

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Dos momentos marcaron sendos hitos en mi futura vida de escritor.  Leer más

 

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Hernan Orrego

Fiesta en la madriguera de Juan Pablo Villalobos: "La literatura y los millones no caben en el mismo bote"

Viernes, 09 Enero 2015 00:00

El mes pasado comentamos Bonsai, de Zambra, y nos sorprendió la simpleza y la brevedad de la novela, que describe una relación juvenil, cuyo final se enunció al comienzo. El ambiente de jóvenes intelectuales hacía recordar el existencialismo de Camus en La peste y El extranjero; de Herman Hesse Una historia de juventud, Narciso y Goldmundo, y Lobo estepario; Francios Sagán, con Buenos días tristeza.

Esta vez, el mexicano Juan Pablo Villalobos nos sorprende con un trabajo que es una mezcla de viaje fantasioso, fiesta de riquezas, poder y asesinatos, en el que hace un sutil recuento de los hechos más notorios de la historia contemporánea. Todo visto por un niño.

Este Ludovico mejicano, a diferencia del acertado personaje de William Castaño-Bedoya, no sufre de un retraso mental, sino por el contrario, se define como un adelantado. Desde las primeras páginas se vislumbra un lenguaje liviano, alegre, desbordante de fantasías, aunque henchido de razones valederas. Nos dice que, en nuestras vidas, nos bastaría con conocer o que nos conozcan catorce personas solamente, que para parecer culto, basta con buscar un diccionario, aprender palabras nuevas y sacarlas del sombrero cuando se necesiten. Tochtlin aprende que no hay que cambiar el mundo, sino que hay que ser realistas. Mazatzin el millonario no era alegre, estaba triste con sus millones, quería ser escritor. Cuando se fue a una montaña a escribir, su socio, le quitó todo. La literatura y los millones no caben en el mismo bote, otra moraleja.

Esta novela es un acierto de enseñanzas que apareen en casi todas las páginas. Tochtlin es quien enseña a los adultos, porque ve el mundo de un modo diferente a los demás, él no es realista. Su mundo es un palacio, vive en riquezas, sueña con un hipo enano “del país de Liberia”. El país al que regresaron los africanos que fueron traídos como esclavos “del país de Estados Unidos”. Cuando los liberó el presidente Monroe, ellos volvieron a su tierra para convertirse en la élite, que esclavizó a los negros “del país de Liberia”. Las balas hacen muertos, y las armas se hacen en Rusia, Italia, Inglaterra, Francia, Estados Unidos e Israel, etc.

 José Ignacio Valenzuela, autor de varios bestsellers en México y Latinoamérica, Amor a domicilio, Trilogía del mal amor, La casa de lado, Dónde está Elisa?, dice que lo mejor es escribir a la altura de un joven de quince años. Tolstoi decía que el escritor para ser exitoso, debe escribir acerca de su aldea. Alejandro Zambra, Bonsai, dice que el escritor tiene que señalar las situaciones, pero no está obligado a buscar soluciones, eso se le deja al lector. De este modo, se compenetra más en la obra. Hemingway, El viejo y el mar, decía que se debe mostrar una parte de la historia, (teoría del iceberg) y dejar que el lector ponga la otra.

 Tochtlin recuerda que en Francia se corta la cabeza a los reyes, (Luis XVI), en Estados Unidos, se matan con balas. (Lincoln, Kennedy). En forma fugaz, hace referencias a los asesinatos a sangre fría, como los muestra Pérez-Reverte, La reina del Sur o las de mujeres mejicanas de Roberto Bolaños en Estrella distante y 2066.

Regresando al tema del lenguaje literario, a la prosa poética, al encanto de las letras, me atrevo a deducir, que si bien es cierto que Tochtlin no sacó conejos del sombrero, sino que sacó palabras de su escondido diccionario, Villalobos las aprovechó para escribir esta fantasiosa novela. Es de esperar que próximamente, Tochtlin saque del sombrero un lenguaje más

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