William Castaño-Bedoya

SOBRE EL AUTOR

A raíz de la creación de este blog y motivado en conseguir alguna empatía entre nosotros. Ver más

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William Castaño-Bedoya

Las guerras que no son mías destacados

Domingo, 16 Noviembre 2014 00:00

Las guerras de nuestra era, es decir, aquellas que han venido sucediendo hace más o menos medio siglo, han sido esas que —gracias a Dios— no son guerras nuestras y que, por simple lógica, son guerras de otros. Son de otros que las sufren y de otros que paradójicamente las gozan. Porque, quiérase o no, cuando unos sufren otros se frotan las manos con morbosa sevicia y una solapada alegría interior porque reciben alguna gratificación de carácter económico, político, social o espiritual.

Esas guerras que no son mías, pero que suceden mientras voy de paso por la vida, son aquellas de las cuales mi generación se ha venido enterando a cuenta gotas. Han sido esos conflictos contados a través de retazos de información, que se insertan en nuestras vidas como "Highlights" noticiosos que simplemente complementan los grandes titulares del día a día, cuando los periódicos o los noticieros ya no tienen más material de relleno. Porque las noticias nacen condenadas a muerte súbita si no logran producir el morbo necesario como para prevalecer con altos ratings de audiencia que justifiquen el interés para seguirlas cubriendo.

Pero como este escrito sordo pretende en alguna medida recordar de forma solidaria a los que sufren sus guerras propias, me atrevo a llamar la atención sobre el verdadero significado de sus números como significantes del horror, en palabras más claras, el espanto de la guerra en números, en esa matemática plana que por su naturaleza resulta inequívoca en el cumplimiento de su misión de sumar, restar, multiplicar y dividir. Misión siniestra que cobra notoriedad en conflictos tan surrealistas como la Guerra Civil Afgana incluida la Guerra en Afganistán del 2001 que desde 1978 y hasta nuestros días navega entre uno o dos millones de muertos, cifra que se suma a los de otras guerras no menos voraces que le siguen en productividad mortífera como la somalí, la de Pakistán, la del narcotráfico en México, la guerra contra el estado islámico en Irak, la insurgencia islámica en Egipto, el conflicto kurdo en Irán, el palestino-israelí, la insurgencia Naxalita en la India, el conflicto armado en Colombia, las insurgencias en Sudán y el Congo por traer a colación unas de las tantas del continente africano y muchas otras que conforman un inventario de guerras libradas, muchas de ellas activas y otras pasivas, que en un letárgico "stand by" duermen sin acabarse como la de Corea del Norte y del Sur que ya suman, desde su comienzo (1945), cerca de cinco millones de muertos.

Dentro del morbo que producen las guerras lejanas surgen datos expresados de forma reiterada e irónica en más y más múltiplos de cinco —ya que curiosamente son unas cincuenta guerras que han generado cinco millones de muertes—, sin sumar los cinco millones antes mencionados de las coreas y que por su fecha no entran a formar parte de las últimas cinco décadas motivo de nuestra reflexión.

La verdad que sin mayores especulaciones podemos intuir es que las últimas cinco décadas han arrojado más de cincuenta millones de dolientes directos. Y los menciono a ellos en esta matemática porque aunque las guerras que les afectan no sean nuestras, estos millones de seres humanos son nuestros vecinos o amigos que en silencio rumian su dolor eterno aunque nosotros ni siquiera lo presintamos.

Quizás por comprender que en nuestra sociedad cohabitamos con millones de dolientes de las guerras que no son nuestras, a pesar de la desmedida insensibilidad de la humanidad entera, queremos mencionarlos para señalar una postura menos conformista, anónima e inhumana, un poco más solidaria, aun cuando las noticias de las guerras que no son mías solo produzcan muerte y desolación bien lejos de aquí.

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