William Castaño-Bedoya

SOBRE EL AUTOR

A raíz de la creación de este blog y motivado en conseguir alguna empatía entre nosotros. Ver más

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William Castaño-Bedoya

Ilusos en las tinieblas de la ciudad del sol destacados

Martes, 11 Septiembre 2012 00:00

“Es muy posible que el año entrante los tengamos en cuenta,” nos dijo la encargada de dar esas razones a nombre de la Feria del Libro de Miami. Nos lo dijo un día de julio próximo pasado, cuando a cántaros, llovían las ilusiones dentro de nuestras almas de escritores.

Es que estábamos tan ilusionados de ser leídos, de ser escuchados aunque fuera por la poquita gente de Miami que le gusta leer en español, que pensábamos en todo, menos en ser rechazados. Al fin, creo que nos entusiasmamos demasiado. Ah, pero… ¿qué de malo hay en eso? Si eso de entusiasmarse  es de humanos y nosotros, los que escribimos en Miami, también lo somos.

Nos dieron razones más bien flojas, excusas diría yo: “Que hay «muchos» escritores esperando turno desde hace varios años”. Imagínese usted cuantos escritores habrá en la lista de espera en la que ahora nosotros estamos. Sin embargo, es muy probable que para los años venideros por fin se nos dé una oportunidad a los escritores de Miami. Es muy posible, óigalo bien, pero no es nada seguro. Todo dependerá de cómo se pongan las apuestas. De cómo evolucione Miami y su Feria del Libro, para los hispanos. Acordémonos de que ya somos cincuenta millones de blanquitos, negritos, cafecitos, que hablamos español en este país. Lo cierto es que las tres novelas que preparamos para la feria de este año, desde hace tanto tiempo, continuarán descansando en la sombra porque para ellas no habrá Feria del Libro de Miami, al menos por ahora.

Pero no vayamos muy lejos. Si por la Feria del Libro llueven razones, por otros lados el aguacero de excusas es mucho más profuso. Ríanse… Cómo les parece que llegamos al Centro Cultural Español de Miami —CCE— motivados por su envestidura y glamour, con la pretensión de presentar nuestras obras allí. Nos apoyamos en el argumento de que La música del olvido, de Pemberty, contaba con el privilegio de haber sido seleccionada como una de las diez mejores de Premio Planeta (editorial española) de Novela en años anteriores y de que solo hasta ese momento iba a ser presentada a la crítica y a los lectores. Arrancamos ilusionados porque dizque allí se fomentaba todo lo que tuviera que ver con la cultura en español, por su prestigio y sus bondades, por su misión y compromiso con la lengua de Cervantes y su auspicio, y esto y lo otro —ilusionados otra vez, como siempre— pues nos escucharon. De forma esquiva, pero nos escucharon. Distantes sí, pero nos escucharon, que es mucho decir. Sin mayores ganas de compromiso y más bien displicentes nos dijeron con firmeza, que “solo”, léase bien, “solo” cuando les mostráramos la novela impresa, ellos podrían considerar una posible presentación de ella en el Centro. Fue algo así como un trueque: “Tú me muestras la novela impresa y nosotros ya veremos qué hacer”. Entonces juntamos pennies con pennies, o mejor, rompimos el marranito e imprimimos unos libros, los suficientes como para atender el lanzamiento hollywoodence de nuestra novela en ese recinto sagrado. Y nos les aparecimos días después henchidos de orgullo, convencidos de que al menos nos íbamos a ganar su admiración y respeto por tan loable trabajo literario y por la quijotada de habernos organizado como Book&bilias para escribir y escribir literatura en español en pleno Miami, justo donde el español conquista a pasos galopantes al vapuleado inglés del Sur de la Florida. Pero… ¡Que onda! como dicen los manitos. Resultó que como lo del libro impreso ya estaba cumplido la condición ahora sería que nosotros, y solo nosotros, deberíamos asegurarles una asistencia notable a un posible evento y que si no lo podíamos cumplir, entonces no habría deal. Recuerdo que Janiel y yo nos miramos más asombrados que un inocente condenado a muerte. Las razones que esa vez nos dio la encargada de dar “esas razones” a nombre del Centro Cultural Español de Miami, fue que unos peruanos hacía unos días habían realizado una actividad cultural en su recinto al que acudió muy poca gente y que eso no era bueno para el Centro, y que además el parqueadero, y que una cosa y que la otra. Ah, como le parece que por culpa de unos peruanos de buena fe, terminamos volviéndonos insignificantes para el flamante centro de la cultura en español en este rincón del universo. Una de las cosas que si nos dolió es que a la novela que habíamos impreso con tanto esmero para lanzarla en un lugar tan emblemático,  ni la voltearon a mirar, ni siquiera para decirnos que es muy buena, regular o mala… Si lo hubieran hecho con seguridad la desilusión no hubiera sido tan lastimera.

Esas son las respuestas que flagelan las ilusiones de un escritor en Miami. Valga aclarar que muy seguramente esta situación no sucede a todos los escritores de esta ciudad. Yo me refiero a los escritores huérfanos de glamour, de pasarelas, a los anónimos que por falta de ventanas y puertas escriben en celdas oscuras. Son respuestas que nos empujan a las tinieblas donde las letras hispanas de Miami suelen acomodarse de forma vitalicia. Y no se trata de hacer quedar mal a la Feria del Libro pues la culpa no es de sus organizadores, ni al centro Cultural Español. Quizás la culpa es nuestra por ilusos, o… porque nos faltaron palancas o recomendaciones, o porque por ausencia de pergaminos nos ganaron el puesto, o… quizás porque el puesto jamás nos lo hemos ganado por falta de méritos y así quién se va a fijar en nosotros. Pero en fin, hicimos el intento y eso vale mucho a estas alturas. De todas maneras allí estaremos, en la Feria o en el Centro, arengando a aquellos que hoy tienen el derecho a presentar sus obras sin importar que tan buenas sean.

Lo bueno de todo es que a uno se le olvidan esas respuestas tan desesperanzadoras y se vuelve a ilusionar. Si se ilusiona todo aquel que tiene algo para mostrar ¿porque no hacerlo uno cada vez que tiene entre manos la novela que escribió con tanto fervor? La verdad, este año ha sido plagado de ilusiones para Book&Bilias. Nos hemos ilusionado tanto que estamos ahítos ya. Pero esas ilusiones no han sido gratuitas. Por ejemplo, que gran ilusión cuando presentamos por primera vez La música del olvido, días después del fiasco del CCE, en el Consulado Colombiano de Miami, y a los ocho días en el Americas Community Center de Weston y luego en Unilatina, para no irnos tan lejos. Entidades a las que agradecemos su incondicional apoyo así como a los amigos que nos acompañaron y que nos acompañarán siempre. Book&bilias se creó para comprobar que en Miami se puede escribir sin tener que emigrar a París, a Berlin o a Madrid, ni tener que devolverse para Bogotá o para Santiago o para Medellín. Aquí se escribe bien mientras se trabaja para vivir, y se escribe en español aunque no lo crean. Se escribe bajo la luz de la ciudad del sol. Eso sí, se escribe con la convicción de que las obras tendrán la poca luz que en esta ciudad hay para iluminarlas, pero que en otras ciudades y lugares, la luz resplandecerá para ellas. Y para que vean que Book&bilias está comprometida con la literatura en este lado del mundo permítame comentar que tan solo a un año de haber sido fundada contamos ya con varios trabajos que como La música del olvido esperan destellos de luz. Me refiero a La chica del Nogaró o a Las alas del cóndor escritas por Hernán Orrego, o a Los monólogos de Ludovico  o Flores para María Sucel, de William Casatño-Bedoya o como El guardián invisible, también de Pemberty. Esto sin contar las obras de aquellos escritores que no conocemos pero que sabemos que existen abandonados bajo de los puentes de la literatura del Gran Miami.

Digamos que todo esto es tan circunstancial como la vida misma, que es un reflejo de esta sociedad que muy poco le deja a la intelectualidad y eso nos aqueja muy profundamente, y nos pone al borde de la búsqueda de otros alientos fuera, muy lejos, lejos en otras patrias, donde la gente lee con aprecio, donde las instituciones valoran al escritor sin remilgos de ninguna clase y lo tratan con respeto y vehemencia. Quizás nuestras obras serán leídas muy lejos quién sabe cuándo. Pero así son las cosas. Cuando uno se dedica a escribir lo hace bajo la luz de la consciencia, iluminado por la vida, acompañado por un que otro café o muchos cafés para ser exactos, alternados con muchos silencios, muchos. Sin darle importancia a que toda esa luz que nos inspira languidezca y caiga en la tinieblas de Miami, en su literatura itinerante, anónima. Estoy seguro de que, como yo, muchos escritores se han venido acostumbrando a esas sombras silentes enclavadas con ironía en la cuidad del sol. Pero como somos humanos no podemos dejar de ilusionarnos. Por eso seguimos con la cantaleta de que algún día la gente de nuestro vecindario nos leerá y nosotros una vez más, henchidos de orgullo, nos sentiremos los mejores escritores del mundo.

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