Jaime Basagoitia

SOBRE EL AUTOR

Entre los muchos intelectuales Salvadoreños que inmigraron a  los Estados Unidos está Jaime Basagoitia.

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Jaime Basagoitia

Cómo se construye una sociedad justa, según La ley de Frederic Bastiat (1801-1850) destacados

Viernes, 10 Octubre 2014 00:00

Frederic Bastiat fue un economista francés; escribió una serie de ensayos y libros que tratan temas fundamentales en la economía moderna, entre ellos “la teoría de la ventana rota” (costo de oportunidad) y lo “que se ve y lo que no se ve” (costos escondidos). Fue un gran defensor del libre mercado y en especial de la libertad individual. Sus escritos sirven de génesis para lo que eventualmente se llegó a conocer como Economía Austriaca y el movimiento político contemporáneo conocido como Libertarian.

La ley (publicada en 1850 como un panfleto) fue uno de sus últimos escritos; el economista muere de tuberculosis a los 49 años. La ley fue escrita después de la Revolución Francesa, y a comienzos de la Revolución Industrial. El socialismo, como fuerza política para “corregir” las “injusticias sociales” de los mercados, estaba comenzando a formarse como tal. Bastiat, al igual que otros, incluyendo la misma Iglesia Católica (encíclica Rerum Novarum del Papa Leo XIII - 1889) veían en el socialismo una amenaza para la realización del ser humano como un ser libre y soberano. El socialismo, según ellos, era una marcha a una dictadura del Estado. Eventualmente sus temores se hicieron realidad a través de la revolución Bolchevique en Rusia (1917). Si bien es cierto que la Unión Soviética colapsa (1989), el socialismo sigue galopante a través del mundo entero, sembrando resentimientos sociales y cosechando miseria desde la Unión Europea hasta nuestra Latinoamérica, Cuba, Venezuela, Argentina son ejemplos claros.

En La ley, Bastiat reconoce que el obstáculo más grande para la libertad y prosperidad de los pueblos son sus propios gobiernos. Al igual que los padres de la patria norteamericana, quienes en la Declaración de Independencia (1776) comienzan con el fabuloso preámbulo “sostenemos que estas verdades son evidentes en sí mismas: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres gobiernos..”, Bastiat propone en su escrito que un gobierno, para regir una sociedad verdaderamente justa, solamente debe de limitarse a la defensa de estos derechos. Según el teórico, en el momento en que este se desvía —aun cuando las intenciones sean buenas— siembra la discordia y la injusticia. Para él, “cualquier persona tiene derecho a defender su vida, su libertad y su propiedad, hasta con su propia vida si fuera necesario. Estos derechos preceden a las leyes, y los gobiernos nacen para defenderlos”.

De acuerdo con Bastiat, ley es el compromiso colectivo de una comunidad para la defensa legal de los derechos básicos del individuo: la vida, la libertad y la propiedad. La existencia de cualquiera de ellos depende de la existencia de los otros dos. Están intrínsecamente atados. No puede haber un gobierno justo sin la defensa de los tres simultáneamente. Esta es básicamente la tesis del libro. Sus capítulos explican cómo los gobiernos causan, al tratar de corregir las injusticias sociales, la desubicación de recursos humanos y el capital en el mejor de los casos, y/o la violencia general en el peor.

En el libro plantea cómo los gobiernos, cuya existencia se basa en la defensa de los derechos individuales, se transforman en verdaderas “mafias” cuando se convierten en dispensadores de justicia social. Su poder está ahora en definir qué es justo. Su mandato, en instituir, promover y defender la transferencia de la propiedad de un ciudadano a otro. Su acción, en utilizar la fuerza institucional necesaria para corregir el mal. Los legisladores, “infalibles” en su sabiduría, integridad, eficiencia y justicia, son ahora los nuevos “repartidores de riqueza”.

Para hacer analogías con La ley de Bastiat, me pregunto qué diferencia existe entre la acción de un gobierno y la de pandillas, de grupos guerrilleros o dictaduras que por ofrecer protección a sus propios, les quita a la fuerza a otros. La única diferencia es el marco legal, aspecto, que según el economista, valida el hecho de “confiscar a la fuerza”, porque todo proceso codificado en la Constitución de una nación queda justificado: el acto inmoral, es ahora “legal”.

El ciudadano para defenderse contra las injusticias opta por no participar más en la vida económica colectiva de su país, o peor aún, termina recurriendo a la violencia, para así hacer valer sus derechos básicos, como en el caso de Venezuela más recientemente.

Esto no debería pasar en los Estados Unidos, pero tristemente se avizora si ponemos en contexto la dinámica de la “nacionalización” de parte del sistema de salud Affordable Care Act (ACA). No vamos a debatir los méritos, ni tampoco el éxito de dicha legislación, pero el mismo es un ejemplo de cómo un gobierno, bajo el marco legal de corregir injusticias sociales, utiliza todos sus recursos para conseguirlo. Después de todo, para dar beneficios médicos a unos, habrá que pagar por ellos con el dinero de otros. No existe nada gratis.

Pongamos en contexto la visión de Bastiat en este ejemplo: dos ciudadanos americanos, ambos de clase media, frente al ACA. Uno, un empleado de una empresa pequeña. El empleado obtiene su seguro medico en parte pagado por la empresa en donde labora; el otro, dueño de un pequeño negocio. El dueño tiene que comprar su propio seguro. Las condiciones de salud de los dos y sus familias son similares. Tal vez un poco más delicadas para el primero, el empleado ha sido intervenido de emergencia por condiciones cardiovasculares en repetidas ocasiones.

ACA trae grandes satisfacciones al dueño del pequeño negocio porque ha conseguido que su costo de seguro médico se reduzca ostensiblemente por ser subsidiado a través de nuevas regulaciones impuestas a las empresas que proveen seguro médico. Su motivación en aceptar la ley tiene mucho que ver con haber encontrado solución a quizás la única aberración que encontraba al vivir en Estados Unidos, el alto costo de seguro médico. Pero, en la otra orilla, para el empleado ACA solo representa frustración, pues el costo de su seguro va a tener un incremento ostensible. La reducción en la prima que ganó el dueño del pequeño negocio fue pagada con el subsidio de otros planes, incluyendo el del mismo empleado. Pese a que el empleado tiene un salario fijo, no tuvo otra opción que tomarlo debido a su condición física y para proteger a su familia. Es aquí en donde cualquiera se pregunta: ¿en dónde está la “justicia social” en este caso?

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