Jaime Basagoitia

SOBRE EL AUTOR

Entre los muchos intelectuales Salvadoreños que inmigraron a  los Estados Unidos está Jaime Basagoitia.

Email: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
Jaime Basagoitia

El concepto de yo y el libre albedrío: de cómo cambió el curso de la historia destacados

Jueves, 22 Enero 2015 00:00

Ave Cesar, su excelencia, su eminencia, su majestad, mi comandante,  mi generalísimo, hiel führer, su merced, mi señor, estos son algunos de los muchos títulos de nobleza o jerarquía política que por cinco mil años Yo, con pleitesía y humildad,  he tenido que utilizar para dirigirme a todos aquellos que decidían sobre mi vida. Mis líderes. Un día decidí cambiar eso. Esta es la historia de cómo pasó.

 Antes de la creación de los Estados Unidos, toda sociedad hasta ese momento, si con suerte, estaba organizada bajo derechos otorgados por el Estado (derechos legales), y/o el pueblo era únicamente súbdito del Estado (esclavos, feudos, sirvientes). Aplicaba la ley del más fuerte, conocida también como la Ley de la jungla. El rey, la oligarquía, la aristocracia, el señor feudal, el caudillo, el hacendado, el dictador, el cacique, el faraón, el César, el comandante,  en fin,  el más fuerte era quien determinaba el destino de cada uno de sus súbditos. La Constitución Política Americana cambia el curso de la historia, aunque, tristemente, no necesariamente para siempre.  Los Estados Unidos de Norte América es la primera  nación en la historia universal que  introduce los derechos naturales en su gene político y los consagra como inalienables, o sea, no pueden  ser restringidos ni usurpados por nadie. Todo hombre tiene derecho a la vida, la libertad y a la propiedad sin restarles los mismos a otros. Son positivos en  principio, por eso se les llama “naturales”. Los derechos otorgados por el Estado, como por ejemplo: salud, educación y transporte, en cambio, son negativos, en tanto que alguien tiene obligatoriamente que perder derechos para que otros ganen. Por eso los conflictos en las sociedades modernas.

De acuerdo a la teoría detrás de la Constitución Americana todos somos iguales ante la Ley; esto que hoy día tomamos como un hecho, como si estos derechos hubiesen existido siempre, en un marco político, solamente  ha estado en vigencia  por aproximadamente 232 años (desde la fecha de la independencia de los Estados Unidos del Imperio Británico). Dos  siglos parece un periodo largo, mas dentro del contexto histórico del ser humano con aproximadamente 5 millones de años de existencia y cinco mil  de historia escrita, dos siglos es un simple parpadear.

La pregunta acerca de dónde se origina el concepto de derechos naturales que está consagrado en la Constitución y qué sabían los Padres de la Patria que no conocieron otras antiguas sociedades adquiere mérito e importancia. La respuesta está en la Biblia. En el Génesis para ser más específico: “Creó, pues,  Dios al hombre a imagen suya,  a imagen de Dios lo creó, varón y hembra los creó…”. (Génesis, 27)

Los Derechos Naturales tienen su origen cuando se introduce el concepto de un solo Dios (monoteísmo) en lugar de un politeísmo o animismo como prevalecía hasta entonces. Un solo Dios soberano, eterno y todopoderoso. El Dios que se revela al pueblo judío, según narra el Antiguo Testamento y se sustenta en el Nuevo Testamento. Un Dios que transciende la naturaleza y, por ende, todo aquello que emana de ella (incluyendo los gobiernos). Es el creador, quien introduce el orden al Universo y quien concibe al ser humano a su imagen y semejanza, hombre y mujer, y les da la facultad de la razón, potestad sobre la creación y, lo más importante, voluntad o “libre albedrío”. La libertad de amarlo o rechazarlo. Este concepto, de ser hijos de Dios, de amarlo, ignorarlo o rechazarlo, nos da a cada uno igualdad, dignidad y por encima de todo libertad. No somos súbditos de nadie, ni siquiera del mismo creador.  No importa nuestro origen, raza, género, credo o posición económica o social.

El pensamiento judeocristiano le dio preeminencia al Yo, al individuo como ente con voluntad propia generada desde su misma conciencia. De esta manera al igual que todo otro ser humano,  yo soy hijo del mismo Creador  y como tal tengo los mismos derechos que cualquier otra persona sea esta rica o poderosa. Políticamente este es un concepto revolucionario.  

Este principio es el pilar fundamental de la cultura Occidental. Es tan importante el concepto de los derechos naturales en la creación de los Estados Unidos como Estado político,  que fue  consagrado en el preámbulo de su Declaración de Independencia, en donde se lee:

Sostenemos  como evidentes estas verdades: que todos los hombres somos creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad, que para garantizar estos derechos se instituyen gobiernos… 

Ningún otro concepto ha sido tan trascendental para garantizar nuestra  libertad individual que el concepto judeo-cristiano de igualdad, dignidad  y libre albedrío que tenemos como “hijos de Dios”. Las guerras de independencia, la libertad de los esclavos, el fin al racismo institucional, el movimiento feminista o más recientemente el derecho de los inmigrantes, el mismo matrimonio homosexual o el derecho al aborto encuentran su inspiración política en este concepto.

El hecho de que se manifestara primero en los Estados Unidos y no en otras sociedades  más antiguas e igualmente cristianas es por la situación coyuntural histórica donde se dieron al mismo tiempo los procesos necesarios para el cambio fundamental en el concepto de nación, basada en el valor del individuo. Estados Unidos primero no existía como Nación o Estado político. Su pueblo era mayormente cristiano. Tuvo la oportunidad de empezar de cero, con una tradición política británica, en donde existía una monarquía constitucional y no una monarquía absoluta como la gran mayoría de otros países cristianos de esa época (Francia, España, Prusia, etc). En la monarquía constitucional el rey no tiene poder absoluto, este se comparte con los aristócratas y reconoce la participación del pueblo.

Los fundadores de la Nación americana estudiaron a sus contemporáneos, al igual que a los antiguos, eran hombres de ciencia, negociantes o filósofos de pensamiento positivista y pragmático; con base en las lecciones de la historia forman una Asamblea Constituyente que propone una forma de gobierno para proteger los Derechos Naturales de sus ciudadanos. Los Padres de la Patria y las trece colonias originales formarían un sistema político en donde por primera vez ciudadanos  libres, y no súbditos,  elegirían a sus propios gobernantes. Un sistema en donde los ciudadanos, y no súbditos, otorgarían  ciertos derechos  al Estado y no lo contrario, en donde los derechos del pueblo eran otorgado por sus gobernantes. Un experimento político con un alto riesgo de fracaso.

Ese experimento que llamamos los “Estados Unidos” creó la primera República de la época moderna. De aquí nace la división de poderes como ahora existen en la mayoría de países de Occidente y muchos también ahora del Oriente. Es la primera y más fuerte exportación americana al mundo. Mas, sin embargo, sigue siendo solamente eso: un experimento en gobernarnos a nosotros mismos. Ignorar nuestra  tradición judeo-cristiana, como por ejemplo está pasando en Europa, puede poco a poco erosionar los derechos naturales  y retornar eventualmente a sistemas totalitarios como los de nuestros ancestros. Recientemente, el ataque terrorista en Paris contra la revista Charlie Hebdo es una muestra de choque de culturas en donde la Occidental protege los derechos del individuo (libre expresión) versus el despotismo, en este caso musulmán, en donde la persona, que es parte de otra cultura o religión, tiene que ser súbdito de la filosofía, Estado o religión de los grupos terroristas o pagar las consecuencias. Para los heroicos trabajadores de la revista el costo fue sus vidas. El consejo de los padres de la patria americana para mantener nuestra libertad fue el de siempre estar vigilantes. Este recién y triste episodio nos recuerda lo mucho que tenemos que perder de no hacerlo.

            ...y así es como Yo cambie el curso de la historia. De ser un vasallo, un siervo, un peón más, ahora mi Inbox y mi buzón rebalsan con suplicas de candidatos que quieren mi voto; ahora Yo soy el rey.

Publica un comentario

Asegúrate de ingresar la información requerida donde se indica (*)