Hernan Orrego

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Dos momentos marcaron sendos hitos en mi futura vida de escritor.  Leer más

 

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Hernan Orrego

El mundo de afuera de Jorge Franco: el pretexto de la fantasía en el retrato de la violencia colombiana destacados

Jueves, 22 Enero 2015 00:00

Los diálogos son la parte fundamental de esta novela, constituyen quizás el ochenta por ciento. Le da una elasticidad tanto al relato como a la descripción de personajes que facilita la ordenación de los elementos dispares que presenta. Como el castillo en el Medellín de los setenta y la Alemania de post guerra; los ilusos secuestradores y la inepta policía; la pureza de Isolda y la malicia de Twigy; el desasosiego de los secuestradores y la calma de don Diego.

                Las paradojas están presentes en los hechos, que dieron origen a la novela. Diego Echeverría y Dita llegan a Medellín escapando de una Alemania destruida por la guerra, y lo recibe una explosión que destruye el edificio de un periódico. Isolda, la princesa del castillo, tiene que arrancarse al bosque, para jugar y ser libre, frustrando a su institutriz llevada de Alemania y a sus maestras. Dita no pudo recuperase del drama de la guerra. Sufrió con la destrucción de las ciudades alemanas. Cree que escapó a otra Hiroshima. Aquí el autor resume el drama de toda una generación de alemanes, afectados por perder la guerra. Don Diego la consuela, (aquí aparece una fuerte crítica social sublimada), diciéndole que los Aliados se equivocaron, que un día se darán cuenta de su error.

                En El mundo de afuera, el belga, el teniente Botia y el Mayor Salcedo, representan la ley burlada por la delincuencia. Misael es el bobo que hay en cada plaza, y que aparece, muchas veces, en cada ser humano. Parece decir que cuando los hombres se obsesionan, no dejan que les invadan su espacio, que lo defienden a golpes y que tienen el poder de elegir entre amanecer bobos o amanecer locos, como una forma de escapar a la realidad o a la justicia.

                No cabe duda que el personaje de más peso es El Mono, que solo se doblega ante su madre. La princesa Isolda es la transición entre el mundo real, el del secuestro y el de una pasión obsesiva.

                Don Diego ordena al ecléctico Arcuri, la construcción del castillo, una copia del castillo de Cambord, que vio en un valle de Francia. El arquitecto define como reaccionario su proyecto. Le dice que Francia, la cuna de la Revolución antimonárquica, está llena de castillos, y que además Colombia no es Francia. El eclecticismo del arquitecto es también el símbolo de la diversidad de lugares como Alemania, Francia y Medellín, y personajes tan disímiles como Cejón, Carlitos, Mono, Caranga, Pelirrojo y Maleza. Mujeres tan diferentes como la infanta Isolda, las alemanas Dita, Hedda y la colombiana Twiggy.

Don Diego insiste, y finalmente en el castillo logra detener el tiempo, disfruta de la cultura europea y el gusto por la música de Wagner. Luego, se adapta sin lamentos a la vida de secuestrado. Solo cuando es liberado, se revela con sus captores, negándose a escapar. Con su calma, maneja la situación mejor que sus captores, que terminan claudicando en su desquiciado empeño.

                La novela contiene una obsesión de amor que crece en tensión, en medio de una crisis social. Sin embargo, creo que la calidad está en que Jorge Franco presenta una dura realidad sublimando la violencia y la delincuencia, con la sutileza de breves descripciones y un ligero humor de los diálogos.

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